lunes, 2 de junio de 2008

Disgayland: fantasías animadas de ayer y hoy


Que en el mundo "nada es verdad ni mentira, todo es según del color del cristal con que se mira" se nos aparece como un tópico, ciertamente cursi, que, como buena parte del refranero, dice verdades como puños, a saber, verdades que se consolidan a puñetazos que impactan sobre el impávido rostro de quienes acaban por ser víctimas de dichas verdades. Los gays y las lesbianas constituyen un sector de la sociedad especialmente proclive a tener que escuchar y, en su caso, esquivar, estas verdades con apariencia de gancho de izquierda o, más bien, de derechas: aunque, en lo que a discriminación y violencia de género se refiere, no caben demasiados distingos políticos.

El filme "El celuloide oculto" (de Robert Epstein y Jeffrey Friedman, USA, 1995), no recomendado en nuestro país para menores de 13 años, lleva a cabo un sólido desmantelamiento del tópico del cristalito con el que echamos una mirada al mundo y de la fragilidad de dicho cristal cuando la realidad hace que estalle y se nos estrelle en toda la estúpida cara de quien quería verlo todo color de rosa. Dicho filme, a modo de documental, nos muestra los esfuerzos ímprobos que gays y lesbianas llevaban haciendo durante años (todos los años de la historia del cine) para ver en las producciones de Hollywood hasta el más mínimo rastro que pudiera pasar desapercibido a una mirada desatenta de una huella de homoerotismo, de un guiño hecho a un público al que no se le podía ofrecer un discurso, un imaginario más explícito por motivos evidentes. Es sorprendente descubrir toda una gran corriente homoerótica subterránea que atraviesa filmes de renombre, superproducciones conocidas por todos, pelis del oeste, donde la homosexualidad se abre camino un poco como siempre lo hizo en el seno de las sociedades represivas: estando pero no estando, con esa forma de presencia-ausencia espectral que tanto asusta al heterosexismo dominante, víctima del pánico de no acabar de conocer muy bien a un enemigo indefinible, contra el que no se sabe a ciencia cierta cómo luchar de modo eficaz. Al final se acaba casi siempre a cañonazos. La cosa es no ponerse delante. Asunto difícil que históricamente ha causado demasiados estragos.

En nuestro país, el libro de Ricardo Llamas "Miss Media. Una lectura perversa de la comunicación de masas" (Barcelona, Ediciones de la Tempestad, 1997) nos abrió los ojos por primera vez a la sutileza homoerótica presente en los medios de comunicación. Su "lectura perversa", como la de "El celuloide oculto", no consiste en la inocencia de cambiar el color de los cristalitos para ver las cosas de otra manera. Puestos a desmentir la simple acusación de que los gays lo único que hacemos es forzar las cosas y buscarle tres pies al gato, queriendo vernos reflejados donde estamos por completo ausentes, deseando, humano deseo, identificarnos con los modelos mediáticos que se nos proponen en vez de que éstos nos resulten por completo alérgenos, casi podríamos calificar a estas lecturas de lecturas "ultrarrealistas" o, sencillamente, de "realistas". Cuando un gay echa un vistazo a lo que sucede en su derredor no necesariamente "delira" ni se encierra en un mundo paranoico construido a su imagen y semejanza, que habla de él todo el tiempo (aunque el mismo Freud reconocía que en todo delirio existe siempre un granito de verdad, ein Körnchen Wahrheit). Más bien esta mirada autorreferencial omnipresente parece caer del lado de la heterosexualidad, que fracasa estrepitosamente en su intento de construir un espacio aséptico de autorreferencialidad en el cual quede excluido lo gay. Con cristales o sin ellos, con visión de rayos X o infrarrojos, utilícese la metáfora que se prefiera, el espectador del filme aludido o el lector de "Miss media" acaba dándose cuenta de que existe un "cacho" de realidad que hasta entonces se le escapaba y que no hace falta ser gay para percibirlo. Tal vez tan sólo algo de entrenamiento e interés. No vamos a descubrir ahora que todo conocimiento es interesado y más aún el "nuestro", portador de un señalado interés emancipatorio. Desde luego, nada ilustrado. No se trata de ilustrar, de iluminar todavía más. Demasiados focos acaban cegando y disimulando las arrugas de los protagonistas, quemando las zonas de sombras, aplanando los relieves. A veces lo evidente no es lo que el foco vuelve blanco del todo, indiscernible; la evidencia pasa quizás por intensidades graduales de luminosidad, justamente las que permiten ver un cierto colorido antes de que toda la gama se funda en el blanco.

"El celuloide oculto", decía, no es apto para un público menor de trece años. Puede deberse a su temática gay. Antes de los trece años hay cosas que mejor no deben saberse. Sin embargo, el experimento que os quiero proponer hoy se adapta perfectamente al público infantil, es más, está hecho expresamente para ellos, para las niñas y los niños: los dibujos animados. En los dibujos animados se halla presente, nada nuevo por otra parte, todo el ideario y los principios de la sociedad que, dibujándolos, se dibuja a sí misma y se transmite amablemente entre risas, persecuciones, batacazos y candor a los más pequeños inculcándoles sus propios esquemas. Entre los que se encuentra, evidentemente, la representación dominante de la masculinidad, la cuestión del género, de la identidad sexual, del papel social de gays y lesbianas, etc. Trataremos pues de analizar tres ejemplos (Space Jam, El toro Ferdinando y Bichos) escogidos un poco al azar, valdrían cualesquier otros, sobre la construcción y el reflejo del sujeto homosexual en los dibujos animados y el modo en el que los gays resultan especialmente adecuados para verse convertidos en personajes de dibujos animados, dotados de una especial ternura, simpatía y vis cómica. En qué medida los personajes gays de dibujos animados puedan convertirse en modelos de identificación o de rechazo según sean presentados será asimismo objeto de controversia. De lo que no cabe duda es de que los niños, que tanto parecen preocupar al discurso explícito acerca del bienestar social en la actualidad, también tienen su pequeño derecho a ser niños gays y niñas lesbianas y poder tomarse la papilla a gusto, dicho en términos técnicos, sexualmente apuntalada, con personajes de dibujos animados que se correspondan con una opción sexual y una actitud ante la vida lo más parecido posible a la suya en vez de dibujos que les produzcan vómitos, eructos y desgana. Los padres y las madres saben de sobra que su niño les come mucho mejor desde que le ponen "Bichos" en vez de "Bambi" y que su hijita devora desde que le compraron "Mulan" y se olvidaron de "La Cenicienta". Nada es casual.

Besar a la blanca-Nieves o besar al negro-Jordan: el despertar a la sexualidad

Sólo unos padres muy retrógrados obligarían a estas alturas a que sus hijos vieran Blancanieves. Puede que esto suceda, incluso a menudo, pero los Digimon, las Bolas de Dragón, los Pokemon y compañía arrasan con el romanticismo barato de los cincuenta. Los Estados Unidos parecen estar perdiendo la batalla en lo que a educación infantil, a través de la pequeña o gran pantalla, se refiere. La esquicia de las "mangas japonesas" deja fuera de juego a cuantos aún sitúan este término junto a otros que marcaron épocas pretéritas de la alta costura como "cuello Mao", "cintura imperio", "escote palabra de honor", etc. Sirva esta puntualización tan sólo para reconocer que, de entrada, reducir nuestra investigación a los dibujos animados procedentes de las factorías Disney o Warner implica un sesgo nada despreciable y un resabio de candor eurocéntrico inexcusable. Quienes seguimos siendo fieles a Disney y a sus novelas familiares neuróticas ya hemos perdido el salto generacional que nos impide orientarnos en las inextricables genealogías esquizoides de las mangas niponas. Por muy deleuzianos que nos reclamemos, seguimos siendo freudianos hasta la médula en esto de los dibujos animados.

Pero en los Estados Unidos también se ha producido una transformación en el ámbito de las películas de animación. Una muestra de ello fue la combinación en la pantalla del pretendido mundo de irrealidad de los dibujos con la introducción de personajes de carne y hueso. Hay múltiples ejemplos de ello: Pedro y el dragón Elliot, ¿Quién engaño a Roger Rabbit?, Space Jam, filme este último del que analizaremos una secuencia, tal vez su mejor secuencia, la más popular, que se utilizó con profusión a la hora de publicitar la película. Se trata de la secuencia del beso de Bugs Bunny y Michael Jordan. Habría mucho que comentar acerca de los efectos de sentido y la significación que supone fundir el mundo de la realidad y el mundo de la ficción, la situación de seres humanos y dibujos animados en un mismo plano, la confusión de límites, la indistinción de barreras, el desdibujamiento del sujeto y la humanización del dibujo. El hermeneuta hará, si quiere, su particular agosto con una fuente inagotable de recursos heurísticos y correspondencias muy fáciles de establecer. Basta con trasponer metafóricamente estos dos mundos en conflicto a otros dos mundos cualesquiera y establecer paralelismos. La tentación está en no hacerlo.

Volviendo a la secuencia del beso y situándola en su contexto más inmediato, ésta se produce una vez Michael Jordan ha sido abducido del mundo real de los humanos al mundo en dos dimensiones de la Warner. El ajetreado viaje y la precipitada caída a un césped dibujado le provoca una pequeña conmoción que, ya que hemos ingresado en otro ámbito distinto al de la vida real, es convenientemente indicada con unos pollitos que revolotean en torno a la cabeza de Michael. Cuando éste abre los ojos, al primero que ve es a Bugs Bunny zampándose su habitual zanahoria. La aturdida reacción de Jordan comienza por espetarle a Bugs esta pregunta: "Eres un dibujo, no eres real" [A mí esto me recuerda la reacción entre estupefacta, ingenua y asombrada de algunos gays armarizados, heterosexuales en apuros ante su ¿primera? relación homosexual, habitualmente muy alcoholizados para afrontar semejante circunstancia vital; de pronto, tras haber "consumado", miran a su pareja de turno como si ésta fuera un dibujo animado, boquiabiertos, como si se hubieran acostado con Bugs Bunny: eres un dibujo, no eres real, como tampoco lo es el polvo que acabo de echarme con un tío, como tampoco es real que me ha gustado, etc.]. A lo que Bugs replica desafiante: "Con que no soy real, ¿eh? Si no fuera real, ¿podría hacer esto?". Y acto seguido le estampa un rotundo beso de ventosa en los labios. Acostumbrado a ver cine de animación, el eco de esta secuencia se hace evidente: es la versión posmoderna, a la Warner, del beso Disney de los cincuenta. Lo que estos besos tienen de común es su función de corte, de transición, de despertar. Del maleficio, el encantamiento, el sueño, la magia, la irrealidad al mundo convencional de la vigilia y de la realidad más prosaica. De la virginidad atolondrada al ingreso en la sexualidad.

Con lo que llegamos, por fin, al objeto de nuestro discurso: la sexualidad de los dibujos animados y su cambio a lo largo del tiempo. No es éste lugar para hacer un recorrido histórico exhaustivo de dicha evolución o involución, a lo más sólo tendremos espacio para establecer nítidos contrastes saltando abruptamente en el tiempo los demasiados años que separan Blancanieves de Space Jam, las múltiples fronteras que separan a Michael Jordan del Príncipe (su diverso grado de realidad ontológica, no sólo por su condición o no de dibujo animado, sino por ser Michael un personaje célebre, más célebre que el Príncipe de Blancanieves, compartiendo en su inmortal popularidad planetaria casi el mismo estatuto que Bugs Bunny, metamorfosis que parecen sufrir todas las grandes estrellas; por no hablar de su pertenencia a razas diferentes, etc.) y el salto, también, que supone establecer paralelismo alguno entre un clásico de Disney y una película de segunda fila de la Warner. El beso de Blancanieves es muy sencillo de analizar: chico con iniciativa besa a chica desmayada; beso heterosexual; rol masculino tradicional como tradicional es el de ella en lo que a sexo se refiere. Beso lícito, inmaculado, puro y lleno de amor verdadero: amor verdadero que es el que surge entre hombre y mujer, con una misma posición social, guapísimos ambos, con roles jerárquicos y de sumisión perfecta e inamoviblemente distribuidos, ambos también de raza blanca y dibujos animados los dos.

El desafío de la Warner es realmente una ofensiva en todos los frentes. La función del beso es, sin embargo, en términos explícitos, la misma: Bugs no encuentra otro modo de convencer a Jordan de que su mundo es real y de que él, Bugs, es real (de que las maricas existen), no halla otra manera de despertarlo de su sueño de hombre unidimensional (y heterosexual) que dándole un beso en los labios. Sólo que esta vez los sujetos que intervienen en el beso han cambiado bastante. No perdamos de vista ni un solo momento que esto lo están viendo niños. Niños que ven cómo Bugs Bunny besa en los labios a Michael Jordan para despertarlo de su sueño. Niños que ven cómo la reacción de Jordan es de asco inequívoco por la expresión de su gesto y por la acción consecuente de limpiarse la boca con desagrado tras el beso. Evidentemente, ahí, en el beso al negro-Jordan hay una enseñanza lo mismo que la había en el beso a la blanca-Nieves. Los guionistas (Leo Benvenuti, Steve Ruonick, Timothy Harris y Herschel Weingrod) están intentando transmitir algo, quieren hacer un gag, mover a la risa provocando una situación cómica contando con la empatía del espectador quien, supuestamente, casi obligadamente, ocupará el lugar de Jordan y querrán hacerle sentir lo que sintió Jordan al ser besado en la boca por Bugs. Sólo que siendo los niños tan pequeños, más que empatía y complicidad con el guionista, que es lo que nos pasa a los adultos (?), tal vez lo que hagan sea simplemente aprender la lección sobre sexualidad que se les trasmite cinematográficamente, a saber: si te besa Bugs Bunny en los labios tu reacción ha de ser de asco y deberás limpiarte la boca. Y el niño lo graba en su mente, lo archiva para saber cómo reaccionar ante una situación parecida. En este preciso instante la cosa empieza a chirriar en mi mente y quizás en muchas otras mentes infantiles: ¿Por qué tendría que sentir asco si me besa Bugs? ¡A mí me encantaría! No comprendo la reacción de Jordan. ¿Por qué pone esa cara y se limpia? ¿Tienen saliva los dibujos animados? ¿Son húmedos los besos de Bugs Bunny? ¿Raspa la lengua de los conejos? Yo he besado muchas veces a conejitos de verdad: es estupendo, hacen cosquillas, son suaves y buenos. También he besado a Mickey en Disneyland París... ¿debería haber reaccionado de otro modo?, ¿escupiendo, diciendo ¡puaj! y limpiándome?

Colapso del pequeño espectador. Colapso mío. Por muchas más razones que seguro también comparten los más pequeños. Para empezar, ¿por qué, como espectador, habría de identificarme con Michael Jordan? ¿Porque él es humano y Bugs no? Puestos a elegir, siempre me he sentido más identificado con Bugs que con Jordan. Al menos es un caso hipotético. Mi caso, si se quiere. Sólo que entonces, si yo soy Bugs, de lo que tengo que hacerme a la idea es de lo que se siente al besar en los labios a Michael Jordan. Estas cosas suceden: yo era de los que se identificaban con el coyote y odiaba al correcaminos; siempre detesté a Piolín, todavía hoy le tengo ganas; yo era Bubu, no Yogui; en otras cosas soy más tradicional, por ejemplo, encuentro imposible identificarme con los malos de Disney: con Cruela, con Maléfica, con la bruja de la manzana, con la serpiente Ka o con Shere Kan. No se trata de llegar a la identificación tampoco, se trata de ocupar el lugar de un personaje: más recientemente, aunque hace ya algunos años, ocupé el lugar de Pocahontas, debatiéndose entre Cocoon, su novio de la tribu de toda la vida y Jonathan Smith. He de decir que no comparto en absoluto su elección. Los dibujos animados están llenos de hombres guapos y deseables, perfectos objetos de deseo. Esto llega a ser tan evidente que hay quien no lleva a sus hijos a ver Hércules porque no quieren que vea a un héroe que hacía mariconadas. Habrá de disculpárseme el tono autobiográfico y confesional pero es el camino más corto para evitar objeciones como que no hay deseo sexual en los dibujos animados o que los personajes de ficción no despiertan la libido tanto como si fueran de carne y hueso.

Pero volvamos al punto crucial en el que se produce una identificación "extraviada" del espectador que acaba besando a Jordan. Esta trayectoria libidinal debería estar bloqueada pero, de hecho, no lo está. Es posible hacer este camino. Sólo que ello implica una inmediata sanción: el asco de Jordan. Ésta es la moraleja, la sutil introducción de que algo no está bien: un beso puede producir en el otro una reacción de asco. Hay besos que dan asco. Hay besos asquerosos. ¿Cuáles? Abruptamente, a un nivel mínimo de interpretación, Space Jam nos dice que el beso en la boca de Bugs Bunny a Michael Jordan resulta asqueroso, al menos para este último. Al comienzo de la película, Michael fue besado, lamido enteramente por su perro al llegar a casa, mostrando idéntica reacción. Puede ser una pista, una posible interpretación: a Michael no le gusta que le besen los animales. Pero el abanico de posibilidades que pueden explicar su asco es inmenso. Y todas estas posibilidades, a la vez, se entrecruzan como motivos lícitos que pueden despertar el asco, predominando una u otra, o varias. Como adultos que somos y acostumbrados al mundo heterosexual, aparte de lo desagradable o no que resulte besarse con animales, mucha gente lo hace, no está del todo mal visto (mientras no se crucen las barreras de la zoofilia), la explicación quizás más evidente del asco de Jordan al ser besado por Bugs es que Bugs es un tío y Jordan no soporta que un hombre le bese en los labios. Esta es toda la risa que provoca el gag: reírse de los maricones. Hay que ver, no obstante, la situación en su conjunto. Los niños van al cine acompañados de sus padres. Y ríen unos y ríen otros. Pero, ¿de qué se rien los niños y de qué se ríen los padres? Hasta una cierta edad los niños no saben cuándo hay que reírse ni cuándo algo es gracioso: aprenden cuándo y por qué y cuánto hay que reírse. Si los padres se ríen, se ríen los hijos. La risa es una conducta aprendida. La risa paterna arrastra e instruye la risa de la prole. Sólo años más tarde sabrán los niños de qué se estaban riendo cuando Bugs besó a Jordan. Sólo años más tarde comprenderán por qué ellos no tenían ganas de reírse; porque besar a un conejo no da risa, es agradable sin más, pero se rieron porque sus padres se reían. O descubrirán que se reían porque con Bugs siempre te da la risa; se reían de la pura felicidad que supone besar a Bugs... pero que sus padres se reían por otros motivos. ¿Y si el beso a Jordan se lo hubiera dado una coneja, la novia de Bugs que sale más adelante? ¿Seguiría siendo todo tan gracioso? ¿A qué se debería la risa? Tal vez yo vea así las cosas por ser hombre y por ser gay. Otros las verán de otro modo. Pero resulta indudable que en la escena del beso de Space Jam hay una censura explícita al beso homosexual entre varones. Los niños aprenderán esto entre otras cosas, por no entrar en el monto añadido de culpa que habrán de sufrir si a alguno encima se le ha ocurrido identificarse con Bugs Bunny para poder besar imaginariamente a Michael. Empezamos a rozar la pequeña gran tragedia del niño gay.

Mas no quiero ser maniqueo ni monotemático. El asco puede deberse, como ya he señalado, a muchos otros factores. Hagamos una sucinta enumeración de dichos factores, de los que ya conocemos dos. 1) el asco a ser besado por un animal y 2) el asco a ser besado por un hombre; 3) a Jordan le da asco ser besado por un personaje de ficción, no le gusta que le besen los dibujos animados; 4) a Jordan no le gusta que le besen los conejos (ni los perros), otros animales puede que sí; 5) a Jordan no le gusta ser besado por desconocidos o gente a la que no conoce lo bastante, prefiere saludar estrechando la mano a esta otra forma de saludo; 6) a Jordan no le gusta que le besen individuos de la raza blanca, si admitimos que Bugs es de raza blanca más bien que negro, variable racial nada despreciable; 7) a Jordan simplemente no le gusta Bugs, porque no está cachas, porque es feo, porque no es su tipo; 8) a Jordan no le importa en absoluto que le bese Bugs pero detesta que le huela el aliento a zanahoria; 9) a Jordan le fastidia el beso de Bugs porque sólo practica el sexo entre deportistas. No queramos ser exhaustivos. Socialmente, dependiendo también del contexto, cada uno de estos factores será preponderante o calará más hondo en el espectador, llegará a ser más o menos relevante despertando su correspondiente conciencia de culpa.

Parecería que hemos agotado el bombardeo y la tormenta cerebral que puede provocar esta simple escena en las conexiones sinápticas del espectador, más aún si es de corta edad. Nada más lejos de la realidad. Nos falta analizar el por qué del beso, por qué Bugs decide besar a Jordan sin solicitar su consentimiento como hiciera el Príncipe de Blancanieves hace muchos, muchos años. ¿Se trata de acoso (homo)sexual? ¿Cuál es la motivación, el deseo que lleva a Bugs a besar al jugador? ¿Se moría de ganas de besar a Jordan e inventó la triquiñuela de que la mejor forma de demostrarle que era real era besándolo, robándole un beso? Puede que estemos asistiendo a una escena romántica de beso robado, a un enamoramiento silencioso y delicioso de un tímido conejo, que sólo ve la luz fugazmente en esta súbita manifestación de cariño. Pero la primera lectura, aquella que resulta más evidente es que el beso de Bugs es fruto de la provocación, Bugs utiliza el beso como humillación: buena lección para los infantes. Un beso puede ser extremadamente violento, puede reducir el otro a la nada, sobre todo si un hombre besa a otro hombre para someterlo. Estamos hartos de ver esta escena entre machos: te beso porque soy un tío y soy tan tío que puedo besarte, soy activo, y encima eres tú el que se siente culpable y queda de maricón, de pasivo impotente. Otra cosa sería meterse a analizar en profundidad este desbordamiento de testosterona, o lo que tengan los conejos. Vayamos más deprisa. Bugs también puede haber besado a Jordan porque le van los humanos; para hacerse el gracioso porque es un personaje simpático; para ver sencillamente qué se siente; porque le encanta la raza negra o porque es una víctima más del mito fálico que la acompaña, etc. La combinatoria que permite hacer esta escena en cuestiones de género, diferencia, opción sexual son prácticamente ilimitadas, tarea que queda para otra ocasión.

De flores y abejas: el doloroso picotazo de la virilidad

El toro Ferdinando es un cortometraje de Disney, que obtuvo un Oscar en 1938 dentro de la categoría de "Mejor corto animado". Podemos darle cuantas vueltas queramos e intentar marear la perdiz hasta la saciedad como en el caso anterior del beso de Bugs y Jordan, pero nadie se llevará a engaño con tan solo ver una vez este corto: el toro Ferdinando es inmediatamente y sin transición alguna el prototipo tradicional de varón afeminado y pusilánime. La censura a nivel consciente es mínima por no decir inexistente. El contenido manifiesto aparece tal cual, brutalmente, sin disimulo. Ni siquiera los dibujos animados, ni que se trate de un toro parecen servir de excusa. Porque definitivamente se tratará de un toro, sí, pero amariconado. Casi parece superfluo realizar una lectura o una interpretación de El toro Ferdinando porque ya todo se halla explícito, resulta obscenamente palpable. Tan palpable como la heterosexualidad de La dama y el vagabundo, por ejemplo, todos son ejemplos válidos de heterosexualidad en la filmografía de animación hasta una época reciente, salvo contadas excepciones. Curiosamente, la excepción es un cortometraje, un episodio marginal, mucho menos conocido que el resto de personajes de Disney.

La historia de la vida de Ferdinando es singular. Comienza la narración cuando aún es muy pequeño, apenas un becerrito que vemos entre los demás pero que, pronto, se va a hacer notar. A diferencia de sus compañeros, Ferdinando lleva siempre las orejas gachas, con actitud risueña, pacífica, no salta ni corretea, ni mucho menos se dedica a guerrear con los demás becerros dándose todo el día de topetazos. A Ferdinando lo que le gusta es "aspirar el perfume de las flores a la sombra de un alcornoque" entre profundos suspiros y miradas perdidas en el cielo, yendo de allá para acá contoneándose en sus andares despaciosos. El narrador del cuento, en un momento dado, nos informa de que: "su mamá se entristecía a veces al verle tan ensimismado y tan solito"... y tan maricón. El típico niño rarito que no juega al fútbol, ni se ensucia la ropa, ni quiere saber nada de los otros niños. Si ya encima le da por coger florecillas silvestres, hacer ramos y coronas y pasarse el día aspirando su aroma, lo más probable, y esta es la hipótesis más suave, es que su madre le diga, como hace su madre vaca: "Hijo mío, Ferdinando, ¿por qué no juegas como los demás becerritos y les das topetazos?". El cortometraje nos ahorra las humillaciones de los compañeros, el mal rollo de Ferdinando, la imposibilidad de mantener una actitud como la suya sin el más mínimo desgaste psicológico, la presión del medio, el sinvivir de la escuela, el horror del padre, la visita al psiquiatra y, de adolescente, aunque estas cosas se van dejando de hacer, a la casa de putas con papá a ver si se espabila. Pocos gays se han librado de este recorrido siniestro quemando cada una o varias de estas etapas.

La infancia de Ferdinando parece, empero, libre de estas preocupaciones. Ante la inquietud de su madre, responde: "Me gusta más sentarme aquí en paz y aspirar el perfume de las flores silvestres". Evidentemente, Ferdinando es el prototipo de niño gay desde el punto de vista heterosexual. La infancia de algunos gays guarda un gran parecido con la de nuestro toro, la de otros ni siquiera coincide mínimamente. Cuestión de estereotipos. Habrá gays que no se sientan en absoluto identificados con Ferdinando y heterosexuales que sí, pero esa no es la cuestión. Nadie piensa, viendo este corto, que Ferdinando es el arquetipo de un heterosexual de letras. Sorprende en la narración de la historia el juicio de valor que emite la voz en off acerca de la actitud de la madre de Ferdinando ante la respuesta de su hijo: "Y como era una madre indulgente dejábale seguir sentadito absorto en su dicha". ¿Qué ha querido decir realmente al calificar a la madre de Ferdinando de "indulgente"? ¿Acaso está insinuando que Ferdinando es como es porque su madre lo deja y le permite esas actitudes florales? ¿Tal vez deja entrever la posibilidad de que, de no ser su madre tan indulgente, Ferdinando sería como los demás becerros? ¿Es culpa de la madre y de su educación indulgente el comportamiento de su hijo? ¿Podemos pensar que el narrador está haciendo alusión a que con un poco más de mano dura al niño se le iban a quitar todas sus tonterías? Evidentemente sí. A Ferdinando lo que le hace falta es un bofetón y ser educado como un niño. Y si no quiere, se le obliga por la fuerza. Algo nos debe sonar de todo esto. Madre indulgente, por no decir sobreprotectora y consentidora, niño mariquita. A todo esto, ¿dónde está el padre de Ferdinando? Sencillamente no está. Probablemente lo mataron en una corrida. Perfecto. Madre indulgente sobreprotectora-padre ausente: niño homosexual. Las causas están claras. Lo que el corto no dice es por qué el número de becerros homosexuales, dado que sus padres están ausentes necesariamente por haber sucumbido al estoque de un torero, no es sorprendentemente mayor. Será que la homosexualidad tiene una causalidad multifactorial.

Nuestro protagonista crece. Curiosamente es negro zaino, mientras que los demás toros son marrones. Su estampa es la más fiera; Ferdinando es el más grande y el más fuerte (su pusilanimidad no proviene del lado físico, no es un toro escuálido ni enclenque) sólo que persistía con la manía esa de pasarse el día suspirando y oliendo flores mientras sus compañeros rivalizaban para ver quién iba a una corrida. El día de la selección, mientras los ganaderos ojeaban los toros, que se esforzaban en alardes de valentía y fortaleza, Ferdinando seguía despreocupado a lo suyo, "seguro de que no lo elegirían a él". En estas, se dirige a su alcornoque para estar a la sombrita, con la mala fortuna de que "se sentó sobre un abejorro". La picadura del insecto entonces le hace reaccionar como un "hombre", le supone una especie de inyección de virilidad exultante aunque de efectos momentáneos y limitados en el tiempo. Del dolor sale disparado y en su loca carrera, bufando como alma que lleva el diablo, con un aspecto aterrador, destroza un muro, derriba a los demás toros como si fueran bolos y hasta arranca de raíz su alcornoque favorito. Parece que en lo que se refiere a la virilidad todo es ponerse. Ferdinando puede pero no quiere. Algo muy distinto a querer y no poder o a no querer ni poder. Para ser del año treintayocho el corto hasta resulta moderno. Como resultado de su exhibición de fuerza por encima de la media, lo seleccionan para la corrida.

En la plaza, Ferdinando vuelve a hacer de las suyas. El picotazo de heterosexualidad o de virilidad, tanto da cuando se juzga la orientación sexual por actitudes externas fácilmente identificables, le duró lo que el escozor. Asustado en los toriles, lo único que le hace salir a los medios galopando es el ramo de flores que le acaban de tirar al torero. Ve una flor y se pierde. En medio de aquel mundo hostil e incomprensible, el ramo le pareció un oasis. Al verlo salir, cundió el pánico y la expectación hasta que Ferdinando: "Sentóse tranquilamente y empezó a aspirar el perfume de las flores". Ensimismado, no hace ni caso de las provocaciones ni la desesperación del matador que le suplica le embista y le dé una cornada (sin comentarios), hasta el extremo de rasgarse la chaquetilla y ofrecerle su pecho a Ferdinando. Éste, para su sorpresa, descubre en el pecho del torero una flor tatuada con la leyenda "Daisy", deja momentáneamente el ramo y le da un cariñoso lametón al antológico tatuaje que acaba por poner a su hipotético enemigo de los nervios. Dos no pelean si uno no quiere. La lástima es que esto sea mentira y la actitud de Ferdinando no sea sin más traducible en términos de heterosexismo y homofobia. Menos aún la conclusión del cuento, donde nuestro toro mariquita: "continúa hasta la fecha a la sombra de su alcornoque favorito aspirando la fragancia de las flores silvestres en dulce paz y es muy feliz".

La mariquita: un bicho raro con crisis de identidad

Una de las puestas en escena más significativas del sujeto homosexual llevadas a cabo por Disney tiene lugar en Bichos, su tercer filme de animación por ordenador después de las dos entregas de Toy Story, películas estas tres que, sorprendentemente, superan con creces, en lo que a guion se refiere y a la construcción de los personajes, a los clásicos de animación convencional de la factoría. Podríamos llevar a cabo una lectura de conjunto de Bichos en la que veríamos cómo el contexto general de la película sirve de encuadre perfecto para situar la problemática de la visibilidad homosexual, de la doble vida del individuo gay, del solapamiento en su existencia de la verdad y la mentira y de la generalización que tiene lugar a lo largo y ancho de todo el largometraje de una noción de verdad ficticia o ficción verdadera, más allá de la cual no se puede ir, a saber, del borramiento de un punto de referencia privilegiado desde el cual poder decidir entre lo verdadero y lo falso, lo auténtico y la mera apariencia.
El núcleo argumental del filme es la vida de un hormiguero que vive bajo el chantaje periódico de los saltamontes, a los que han de ofrecerles comida a cambio de que éstos no les destruyan el hormiguero. Flic es la hormiga protagonista que decide partir del hormiguero para buscar ayuda fuera. En la gran ciudad confundirá a una compañía de circo con un montón de valientes y terroríficos insectos, contratándolos para defender su hogar amenazado.

El personaje sobre el que nos vamos a centrar se llama "Francis", un insecto perteneciente a esta compañía de artistas de circo, gente de teatro especializada en el fingimiento, en hacer parecer verdadero lo que supuestamente no lo es, el mundo de la representación frente al de la realidad. Los compañeros de Francis son una araña, un escarabajo rinoceronte de aspecto terrorífico pero absolutamente tímido y asustadizo, y un insecto palo que se queja todo el tiempo de que nunca puede hacer de sí mismo, sino de escoba, de astilla. Llega a decir literalmente que él no es más que atrezzo. En una escena de la película, Francis lo lleva agarrado volando y, al atravesar las ramas de un árbol, se le cae y sigue volando con una ramita de verdad sin darse cuenta del cambiazo. La confusión reina hasta tal punto que el insecto palo lo único que se le ocurre decir para ser visto es : "Soy el único palo que tiene ojos". Dicha compañía teatral va a ser tenida todo el tiempo por el hormiguero por un aguerrido ejército de mercenarios que van a luchar contra los saltamontes. Flic sabe la verdad pero la oculta. También él miente, todos mienten. Todo el hormiguero llega a verse envuelto en una gran mentira: construir un pájaro falso con hojas para asustar a los saltamontes. Cuando al final empiecen a pedirse explicaciones, todos habrán mentido. La escena más terrible, cruel y sanguinaria de la película es cuando un pájaro, esta vez de verdad, acaba comiéndose al jefe malo de los saltamontes. Resulta verdaderamente impactante por lo inusitado de tal demostración de violencia en una película para niños. Sin embargo, por primera vez en la historia del cine de animación, Bichos vuelve a sorprendernos cuando, tras los créditos, aparecen una serie de tomas falsas en las que los protagonistas aparecen como actores de verdad, como personajes reales que han estado actuando en la película. En una de estas secuencias vemos la toma falsa de la escena en la que el pájaro se come al saltamontes, descubriendo que el pájaro utilizado en la película era una maqueta, un engendro mecánico y que la muerte, efectivamente, no se ha producido. La línea del horizonte de lo verdadero como punto último de referencia se va desplazando continuamente, quedándonos con la idea de que dicho desplazamiento puede ser ilimitado, con lo que, finalmente, careceríamos de criterio para discernir entre lo verdadero y lo falso, para desenmascarar la apariencia y el fingimiento. Se podrá decir que el criterio de verdad de Bichos, la verdad última y lo que decide al fin y al cabo son precisamente las tomas falsas: extraño criterio de verdad posmoderno donde a lo último que se puede aspirar en la escala del saber, como máximo referente de autenticidad es, justamente, a la toma "falsa", desechada, inválida, inservible.

Mas volvamos a nuestro personaje, Francis. Francis es un insecto, una mariquita. Nada de particular en que un personaje de una película de bichos sea una mariquita. La asociación del significante "mariquita" con un uso peyorativo para insultar a los homosexuales varones no necesariamente ha de estar implicada y no ocurre del mismo modo en todos los idiomas. La homonimia existe, pero jugar con ella no es de obligado cumplimiento. Tampoco es el caso de que estemos forzando nuestra interpretación y, guiados por nuestro particular interés, nos fijemos en el personaje de la mariquita para extraer de él un material que confirme o apoye tesis previa alguna. Todo es mucho más fácil y evidente. Francis es una mariquita y en Bichos se utiliza la homonimia de este vocablo para crearle a Francis una crisis de identidad: Francis es insultado, vejado, humillado por propios y extraños que lo llaman mariquita en sentido peyorativo, refiriéndose directamente a su opción sexual. El propio personaje está construido, como veremos a lo largo de seis secuencias significativas, desde la ambigüedad que supone portar este nombre, ser (una) mariquita.

La primera aparición de Francis ocurre cuando sale a escena, en el circo, para actuar. La actuación consiste en aparecer disfrazado de flor y recitar poesías. Francis lleva una corona de flores y sus movimientos son decididamente afeminados. Su rostro es absolutamente femenino, con dos parches de colorete y enormes pestañas. Su gesticulación, su vuelo, sus ademanes nos hacen pensar en todo momento que la mariquita es de sexo femenino. En medio de la actuación, dos moscardones que están entre el público, llevados por esta misma presunción, increpan a Francis groseramente: "¡Eh, nena! ¿Quieres salir con un insecto de verdad?". La oposición entre "la mariquita" y "un insecto de verdad" es inequívoca; una mariquita no es un insecto de verdad. Donde dice "insecto", evidentemente, hay que poner "hombre": la mariquita no es un hombre de verdad, un machote. Paralelamente, las moscas, están haciendo alarde de su hombría ante lo que presumen es una mujer, ofreciéndose sexualmente a ella como hombres de verdad. A Francis esto parece no gustarle y se va volando delicadamente -todo está preparado para engañar al espectador- hacia las moscas. De repente, su actitud cambia, se arranca la corona de flores, la tira con violencia y les espeta a las moscas: "¡Qué! ¿Que por ser una mariquita tengo que ser chica?"; éstas reaccionan con asombro, lo mismo que nosotros: "¡Ahí va, es un tío!". Las apariencias, también en este caso, nos habían engañado. Se puede ser una mariquita y ser del sexo masculino. Parece ser que ésta no era la primera vez que le sucedía esto a Francis y no será la última. Al contrario, todo el mundo dará por supuesto que la mariquita es de sexo femenino. El enfado de Francis es monumental y saca a relucir su lado más machirulo y viril, un vozarrón en tonos bajos y rotos, un comportamiento desafiante y agresivo, completamente macarra. Tanta exteriorización de violencia hace llorar incluso a unas pequeñas larvas que hay entre el público, que se asustan del miedo que les da Francis cuando abandona su habitual aspecto de mariquita. Una mariquita que es un tío y además es un broncas asusta a cualquiera, además de sorprender.

Una segunda secuencia nos muestra a su amigo, el insecto palo, terciando en la disputa con las moscas: "No habléis así a Mari". Francis responde: "Te he oído larguirucho". Su propio amigo no le llama por su nombre, sino que le llama Mari, burlándose de él, entrando en el juego. Hasta ahora tenemos planteado un problema, digámoslo así, de género: Francis es un hombre con un "cuerpo de mujer", un hombre, un insecto de sexo masculino que pertenece a una especie cuyo nombre genérico es el de "mariquita", lo que induce al equívoco. Pero este problema viene a solaparse con un segundo problema no menos importante, a saber, que "mariquita" no sólo es un nombre que lleva a pensar en lo femenino -por la semejanza con el morfema de genéro "-a"-, sino que es un término corriente en castellano para designar peyorativamente a los gays. Francis, además de sufrir un problema de género, padece las consecuencias de una opción sexual socialmente denigrada. Francis es un hombre con apariencia de mujer, pero sigue siendo un hombre; Francis es un hombre en el cuerpo de una mujer, un transexual; Francis es además (una) mariquita, digámoslo también, un travestido. Las cosas se le complican muchísimo: no tiene más opción que la de escoger entre transexual o travestido, heterosexual o gay. Todo ello por ser portador del significante "mariquita". Dejemos aquí, por el momento, la cuestión. Y sigamos con la caracterización progresiva del personaje.

Una tercera secuencia nos muestra el encuentro con las moscas, después del desafío de Francis, en un bar, ya fuera del circo. Éstas aparecen y, al verlo, dicen: "¡Ahí está esa!", designándolo en femenino. Y empieza una brutal escena, una horrible escena de provocación y de humillación de una violencia de género absolutamente increíble: "¿Cómo estás marinena?", "¡Qué bonita! ¡Qué bonita es la mariquita!", dicen las moscas, que son tres y una es enorme, mientras sujetan cada una las alas de Francis y las mueven de arriba abajo. El espectador gay, yo en este caso, se siente por completo horrorizado al ver retratado de esa forma tan realista algo demasiado conocido y que pone los pelos de punta. En una película de dibujos animados, en una película inocente para niños cuyos personajes son insectos, de pronto aparece una escena de humillación y violencia contra una mariquita tal cual. En esta secuencia del bar, a mi juicio y desde mi sensibilidad, es clara la preponderancia de la discriminación por opción sexual, por ser marica, sobre la de género. Se pueden hacer muchas lecturas de esta escena, pero quien no reconozca a dos sujetos homófobos humillando a un gay, llamándolo "marinena" y diciéndole "qué bonita es la mariquita" sencillamente no está interpretando, está participando en un cierto holocausto. No se necesita mayor confirmación. Aun así la cosa sigue y se disipa cualquier equívoco posible cuando una de las moscas le dice a Francis: "¡Vamos, payaso, levántate y lucha como una chica!". Esta vez se dirige a él en femenino, se da por enterado de que es un hombre, pero le dice que luche como una chica. No recuerdo ninguna otra escena de cine no animado tan descarnada como ésta.

Una cuarta aparición de Francis, menos violenta en los términos y queriendo ser más simpática, nos lo muestra rodeado de las hormigas benjaminas del hormiguero que lo han hecho su héroe. Éstas aparecen y le dicen: "Señorita Francis [...] Por votación será nuestra madrina honoraria". Las pequeñas lo han tomado sin más por una señorita y lo han convertido en madrina. Su nombre, encima, es susceptible de declinarse en femenino, ya que en nada estorba al oído que el señor o el señorito Francis, pueda pasar a ser la señorita Francis. Nuestro protagonista se resigna. Éste parece ser su sino.

Poco después, de nuevo rodeado e incordiado hasta el infinito por sus pequeñas admiradoras, dejándose hacer, dos señoras hormigas que contemplan la tierna escena se dicen la una a la otra: "Mira, es como una madre para todas". Francis también es madre. No puede evitar esta actitud maternal tampoco. Todo le va estupendamente de cara a la galería y recibe aprobación y obtiene incluso éxito social cuando se comporta como una mujer. Cuando decide mostrarse tal y como es, como un hombre, las larvas del circo salen llorando y, en esta escena, cuando se cansa de ser madre y madrina y espanta a las hormigas, todas las pequeñas que tanto lo adoraban se echan a llorar. A Francis le cuesta mucho trabajo ser auténtico. No le dejan ser lo que es. En cuanto lo intenta, es inmediatamente sancionado. Si es que sabe lo que es y quién es, lo que quiere y lo que le gusta, cuándo finge y cuándo no: está absolutamente extraviado en lasperformatividades de género.

La última secuencia en la que se resuelve el peculiar conflicto de esta mariquita sucede del modo siguiente: Flic, la hormiga protagonista, se siente derrotado. Todo le ha salido mal y exclama desconsolado: "Dime una cosa que haya hecho bien". Sus amigos del circo intentan consolarlo de algún modo hasta que el insecto palo da con la clave para nuestro asunto: "De no ser por ti, Francis no habría entrado en contacto con su lado femenino". Outing a lo bestia. Delante de todo el mundo, su mejor amigo reconoce que Francis tiene un lado femenino que no quería reconocer, pero que por fin lo ha hecho. La mariquita intenta resistirse, pero no puede: "¿Ah sííí? Pues,... ¿sabes?... tienes razón".

La solución final del conflicto de identidad parece suavizar las cosas y dejarlo todo en tonos grises, en vez de los tonos rojos sangre de la mariquita, salpicados y contrastados por negros puntos. Moraleja Disney: todo los hombres tienen su lado femenino y está bien y es bueno que lo reconozcan y lo asuman para ser más felices, más sincero consigo mismos y mejores hombres, al fin y al cabo. El problema es cuando dicha problemática se vehicula a través de un significante tan marcado como es el de "mariquita" que lleva las cosas por muy distintos derroteros, cambiando el escenario completamente y remitiendo a una problemática social mucho más sangrante. Aparte de que esta magnífica moraleja de Disney en absoluto concuerda con la mayoría de las mentalidades paternas y maternas que están viendo la película. A muy pocos padres les agradaría ver (ni mucho menos contribuir ni fomentar) cómo su hijo va descubriendo e integrando sin conflictos su lado femenino. A casi ningún padre le agradaría que, después de ver Bichos, su hijo saliera de la sala impactado por Francis, habiéndose identificado con él hasta la médula y que en adelante Francis fuera su héroe en vez de Flic, la hormiga audaz, valiente y aventurera, verdadero protagonista de la historia. Seguramente, cuando su hijo le pidiera tener Bichos en vídeo y le exigiera comprarlo con la carátula de Francis (el vídeo se comercializa con cuatro carátulas distintas, una de ellas, con la mariquita), a lo mejor no se plegaba a sus deseos, poniendo quizás como excusa, que lo importante es la película, no la carátula, sin querer dar su brazo a torcer.

Lo más curioso de la crisis de identidad de este bicho raro que es la mariquita es que sólo se produce en estos términos para los espectadores castellanoparlantes. Es decir, que Francis sólo es homosexual cuando vemos Bichos en castellano, idioma en el que "mariquita" tiene esta connotación inequívoca (no queda excluido que ocurra también en otro idioma). En inglés, la lengua original de la película, las cosas suceden de otro modo: Francis no tiene ningún conflicto homosexual no asumido, su problema es sólo uno, que porta un nombre genérico que contiene dos lexemas, uno de los cuales es lady. En inglés[1], mariquita, el insecto, se dice ladybug o ladybird. ¿Cómo ser lady y ser un tío? es el problema de Francis en inglés. Lo que las moscas le dicen es: "Hey, cutie!, wanna pollinate with a real bug?". Una ladybug no es a real bug. Ladybug, para las moscas, parece ser una contradicción en los términos. Lo que intenta desmentir la respuesta de Francis: "So, bein' a ladybug automatically makes me a girl, is that it, fly boy?", con pocas probabilidades de conseguirlo, ya que, a todas luces, está diciendo una tontería: ser una lady no implica necesariamente ser una girl. Evidentemente que no, pero eso es algo que hay que explicárselo a las moscas, de género insecto, de género humano o de género imbécil. Es necesario explicar por qué se puede ser un hombre en un cuerpo de mujer, por qué se puede ser un hombre con aspecto de mujer, etc., etc., etc.
That's all folks!

[1] En alemán sucede algo semejante, con una ligera variación. Mariquita se dice Marienkäfer. En este caso, la feminidad viene significada, no por el nombre genérico lady, como sucedía en inglés, sino por el nombre propio Marie. Los juegos de palabras que, no obstante, tienen lugar son similares. No se dirá Srta. ni Lady Francis, sino Fräulein Käfermarie. Pudiéndose anotar además que, coloquialmente, ein netter Käfer equivale a una "chica bonita".

Paco Vidarte www.sentidog.com

Las locas y el Che


Mis mejores amigos son homosexuales. Mi hermano y mi hermana lo son. Sin embargo, no tendría que empezar este artículo aclarando mi posición sin criticar ciertas posturas frívolas, que no son posiciones ideológicas de los homosexuales, no fuera considerado en la actualidad políticamente incorrecto.

En las vacaciones del verano pasado, me topé con varios muchachos con camisetas que lucían la famosa imagen del Che, del fotógrafo cubano Korda, aunque se dice que los derechos de autor los cobra la dictadura castrista desde hace mucho rato. Me acerqué a los jóvenes y pude percatarme de que a juzgar por sus conversaciones, por el modo de moverse, en sus almas vibraba La Bayamesa, que es una de las tantas formas poéticas que tenemos los cubanos para describir los amaneramientos femeninos en los hombres.

Vivo en El Marais, bohemio barrio parisino en cuyas casas se han instalado una buena parte de la comunidad homosexual, masculina en su mayoría, con su éxito de boutiques dedicadas al género. Intelectuales burgueses, negociantes judíos, libreros y comerciantes culinarios se asustan ante la invasión de tiendas chinas al por mayor, de traiteurs asiáticos y del mundo nocturno homosexual; yo no creo en la mezcolanza. Amo mi barrio con su mestizaje y su amalgama de géneros, pero no puedo pasar por alto, que en las vidrieras de ropa para mariposas (otro apodo poético para las locas) se exhiben con demasiada frecuencia las camisetas con la imagen del Che. El Che en todos los colores y a precios desorbitantes.

A principios de año organicé una exposición de dibujos eróticos de mi amigo, el pintor cubano Ramón Unzueta, en una de mis librerías preferidas: Les Mots à la Bouche. Meses más tarde firmaba ejemplares de mi novela Lobas de mar traducida al francés en el mismo espacio. Le he tomado mucho cariño al librero, Walter Alluch. Es un hombre alto, atento, servicial y siempre que me aconseja un libro da en el blanco. Fue el caso de La mauvaise vie de Fréderic Mitterrand, alguien a quien admiro desde que hacía aquellos magníficos programas de cine en la televisión francesa. La novela autobiográfica de Fréderic Mitterrand es una joya literaria y humana, y como me ha entrevistado en varias ocasiones hemos podido conversar sobre Cuba. Su punto de vista es muy claro en relación a la dictadura. Me fascina quedarme arrebujada en un rincón de la librería o bajar y descubrir las películas y los álbumes eróticos.

Vaya sorpresa que me llevé cuando al puntear con el dedo los lomos de los DVD encontré una película porno, filmada en Cuba, y en cuya portada sonreía un joven cubano, encuero de la cintura hacia abajo, mostrando sus partes más íntimas -y ¡qué partes!- y cubierto el pecho, no podía ser de otra manera, con una camiseta roja con la figura del guerrillero, delineado en negro. Me dije: "Ahí está, el hombre nuevo."

Hoy me he vuelto a tropezar con una loquita asiática, mano partida a la cintura, remeneo de caderas y tumbe lánguido de párpados; desde luego, camiseta chea, que en Cuba quiere decir, ridícula. No me pude contener. Le pregunté si sabía quién era el Che. Sonrió tímidamente, no me contestó.

Al llegar a casa llamé a un amigo homosexual. Me comenta que toda esta "euforia maricona" (palabras suyas, él es cubano) con el Che se desprende de la película de Walter Salles. En el mes de mayo de 2004 se acababa de estrenar en el Festival de Cannes la cinta Diarios de motocicleta, cuyo tema es el viaje y descubrimiento personal del continente latinoamericano por dos jóvenes argentinos montados en una vieja motocicleta, Ernesto Guevara, de 23 años, estudiante de Medicina, y Alberto Granado, de 29 años, bioquímico.

Mi amigo me explica que un número importante de homosexuales interpretaron que el Che era loca -no de carroza, de motocicleta- porque lo interpretaba Gael García Bernal, quien al mismo tiempo estrenaba personaje de loca en la película de Pedro Almodóvar La mala educación.

El azar concurrente lezamiano resulta delicioso. Con lo que odiaba el argentino a los homosexuales, con lo que los persiguió en Cuba, y ahora resulta que ha pasado de ser el héroe de mayo del 68 a mártir del Orgullo Gay. Curioso. El personaje más homofóbico que ha parido la Historia de las revoluciones es adorado por ese público de consumidores de fanatismos de izquierdas. Lamentable.

Voy a poner un ejemplo publicado en el diario El Nuevo Herald digital el 28 de diciembre de 1997: Cómo asesinaba el Che. Su autor es Pierre San Martin (pseudónimo).

"Eran los últimos días del año 1959; en aquella celda oscura y fría 16 presos dormían en el suelo y los otros 16 restantes estábamos parados para que ellos pudieran acostarse, pero nadie pensaba en esto, nuestro único pensamiento era que estábamos vivos y eso era lo importante; vivíamos hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo sin saber que depararía el siguiente.

Fue como una hora antes del cambio de turno cuando el crujiente sonido de la puerta de hierro se abrió, al mismo tiempo que lanzaban a una persona más al ya aglomerado calabozo. De momento, con la oscuridad, no pudimos percatarnos que apenas era un muchachito de 12 ó 14 años a lo sumo, nuestro nuevo compañero de encierro.

'¿Y tú que hiciste?', preguntamos casi al unísono.

Con la cara ensangrentada y amoratada nos miró fijamente, respondiendo: 'Por defender a mi padre para que no lo mataran, no pude evitarlo, lo asesinaron los muy hijos de perra.'

Todos nos miramos como tal vez buscando la respuesta de consuelo para el muchacho, pero no la teníamos. Eran demasiados nuestros propios problemas. Habían pasado dos o tres días en que no se fusilaba y cada día teníamos más esperanzas en que todo aquello acabara. Los fusilamientos son inmisericordes, te quitan la vida cuando más necesitas de ella para ti y para los tuyos, sin contar con tus protestas o anhelos de vida.

Nuestra alegría no duró mucho más cuando la puerta se abrió. Llamaron a 10, entre ellos al muchacho que había llegado último; nos habíamos equivocado, pues a los que llamaban nunca más los volvíamos a ver.

¿Cómo era posible quitarle la vida a un niño de esta forma; sería que estábamos equivocados y nos iban a soltar? Cerca del paredón donde se fusilaba, con las manos en la cintura, caminaba de un lado al otro el abominable Che Guevara.

Dio la orden de traer al muchacho primero y lo mandó a arrodillarse delante del paredón. Todos gritamos que no hiciera ese crimen, y nos ofrecimos en su lugar.

El muchacho desobedeció la orden, con una valentía sin nombre le respondió al infame personaje: 'Si me has de matar, tendrás que hacerlo como se mata a los hombres, de pie, y no como a los cobardes, de rodillas'.

Caminando por detrás del muchacho, le respondió el Che: 'Xon que vos sos un pibe valiente'...

Desenfundando su pistola le dio un tiro en la nuca que casi le cercenó el cuello.

Todos gritamos: asesinos, cobardes, miserables y tantas otras cosas más. Se volteó hacia las ventanas de donde salían los gritos y vació el peine de la pistola. No sé cuántos mató o hirió. De esta horrible pesadilla, de la cual nunca logramos despertar, pudimos darnos cuenta después, en la clínica del estudiante del hospital Calixto García, adonde nos habían llevado heridos. Por cuánto tiempo, no lo sabríamos, pero una cosa sí estaba clara, nuestra única baraja era la de escapar, única esperanza de superviviencia".

Cito en toda su integridad el testimonio con la esperanza de que la comunidad homosexual, con quien me identifico y de quien soy solidaria, entienda que llevar la imagen del Ché como moda, constituye un insulto para muchas de sus víctimas, entre las que se encontraron grandes escritores homosexuales cubanos: Virgilio Piñeira y Reinaldo Arenas. Sin contar los niños que han crecido traumatizados con el famoso lema como tarea vital: Seremos como el Che . O sea guerrilleros y terroristas.

Zoe Valdéz El Mundo, Madrid / Julio 21, 2005

miércoles, 28 de mayo de 2008

Memorial recuerda a los homosexuales asesinados por los nazis


Berlín cuenta con un monumento en homenaje a los 7.000 homosexuales y lesbianas que murieron en campos de concentración durante el Tercer Reich y a los más de 54.000 que fueron procesados por su orientación sexual entre 1933 y 1945. Las autoridades berlinesas saldaron así la deuda histórica con ese grupo, que reclamaba un memorial propio desde hace 16 años.
El alcalde-gobernador de Berlín, el socialdemócrata y homosexual declarado Klaus Wowereit, denunció que la sociedad alemana de la posguerra "ocultó e incluso continuó persiguiendo y discriminando" a esas víctimas del nazismo.
El monumento levantado en nombre de Alemania pretende ser, no solo un memorial en recuerdo de las víctimas homosexuales del nazismo, sino también un símbolo permanente contra la intolerancia, la xenofobia y la discriminación de los miembros de ese colectivo, dijo Wowereit.
Los artistas escandinavos Michael Elmgreen e Ingar Dragset diseñaron el recordatorio, compuesto por un simple cubo de casi cuatro metros de altura y cinco metros de largo sostenido sobre columnas y que en una de sus esquinas proyecta la imagen de dos hombres besándose, a través de una ventana.
El régimen nazi castigó sobre todo a hombres homosexuales. De ahí que en el primer vídeo -que irá cambiando cada dos años- aparezcan dos varones.
La escultura se emplazó cerca de la céntrica Puerta de Brandeburgo y frente al Monumento por las Víctimas del Holocausto, que recuerda a los cerca de seis millones de judíos asesinados por el Tercer Reich.
"Con este memorial, Alemania quiere honrar a los perseguidos y asesinados, mantener viva la memoria de la injusticia y establecer un símbolo permanente contra la intolerancia, la hostilidad y la marginación social", reza el texto del monumento, cuya creación fue aprobada por el Parlamento alemán en 2003.
El ministro de Cultura de Berlín, el conservador Bernd Neumann, subrayó en el acto de inauguración que el monumento recordará a "quienes fueron condenados por su orientación sexual, los miles que fueron encerrados y asesinados en los campos de concentración".
A la inauguración acudieron varios centenares de invitados especiales, entre los que figuraban la presidenta de la comunidad judía de Berlín, Lala Süsskind; el líder del Consejo Central de los Sinti y Roma (gitanos), Romani Rose y el realizador homosexual Rosa von Praunheim.
También en el Tiergarten se levantará este año un monumento que recordará a los 500.000 gitanos asesinados por el Tercer Reich, una suerte de fuente cuya ejecución ha sido encargada al artista israelí Dani Karavan.

www.aurora-israel.co.il

domingo, 25 de mayo de 2008

Disneyworld celebra el Gay Day


En el año 1991, un pequeño grupo de gays que había decidido vestirse con llamativas remeras rojas y organizar una reunión en el Disneyworld de Orlando, no tenía idea que el boca en boca convertiría a su evento "Gay Day" en un acontecimiento de proporciones épicas. En el transcurso de seis años, los asistentes al evento habían ascendido a los 60 mil y lo que antes era un solo día se convirtió en casi una semana de actividades.

Cuando el Gay Day (www.gaydays.com) se lleve a cabo este año (como todos los años, el primer sábado de junio) se estima que unos 135 mil gays y lesbianas se den cita en el famoso parque de la Florida.

"Con tanta gente, cada año es una experiencia diferente, lo cual hace que este evento sea tan interesante", asegura Brian Rush, un residente de Florida que ha participado de cada Gay Day desde mediados de los 90. "Lo único que hago siempre es mantener la tradición de usar una remera roja cuando asisto a Disneyworld el primer sabado de junio. Es el equivalente a asistir a una marcha del orgullo gay y brindarle apoyo a nuestra comunidad".

Las fiestas nocturnas para hombres gays era lo que dominaba las opciones del evento en los 90, pero en la actualidad, la programación del Gay Day incluye un paquete de fin de semana para lesbianas y lugares de reuniones para familias gays en Disneyworld y en el SeaWorld.

"Cuando comenzamos nuestra actividad hace siete años atrás, no existían eventos organizados especialmente para mujeres, y ahora hay al menos diez", cuenta Alison Burgos, co-productora de “Girls in Wonderland” (www.girlsinwonderland.com). "Promotores locales y de nivel nacional se encuentran trabajando en conjunto para hacer que las lesbianas se sientan bienvenidas".

A pesar de que el Gay Day no está esponsoreado por Disney, la empresa, la cual está a favor de la no discriminación en el lugar de trabajo y provee beneficios de salud a las parejas de hecho de sus empleados gays, apoya su existencia. "Es un excelente grupo de gente", asegura la vocera de Disney, Zoraya Suarez. "Estuve presente en el parque durante el Gay Day del año pasado y era maravilloso ver todas esas remeras rojas y a todas esas familias multi-generacionales unidas en armonía dentro del predio".

El uso de remeras rojas es la costumbre típica del evento, aunque los ropajes adornados con los colores del arcoiris que evocan a la bandera del orgullo gay y las orejas del ratón Mickey en las mujeres y las de la ratoncita Minnie en los hombres también suelen verse en esta celebración anual.


© Traducción de Esteban Rico para SentidoG.com

sábado, 17 de mayo de 2008

Busco mi destino: Expulsiones obligadas del pueblo chico


Lejos de los grandes centros urbanos, demasiado cerca del juicio de vecinos y vecinas, escaparse de la norma heterosexual suele obligar al exilio. Historias en las que el anonimato permite despejar la propia identidad.

En todas las sociedades hay determinadas cosas (buenas o malas según quién las mire) que sólo pueden ocurrir —o que ocurren con más facilidad— en el escenario de la gran ciudad, donde el anonimato, la distancia y la falta de contacto vuelven porosas las fronteras del “nosotros”, a menudo responsable no sólo de unir a las personas en grupos sino también de diseñar distintas formas de exclusión. Se sabe: que todos te conozcan, sepan tu nombre y tu historia, esa familiaridad permanente y obligada que para muchos puede ser fuente de contención, para otros y otras se transforma en pesadilla. La misma mirada atenta con la que el pueblo cuida es aquella con la que controla, vigila e incluso, llegado el caso, corrige.

Sin duda alguna, la libre expresión de las sexualidades e identidades de género diversas es un fenómeno urbano y —aunque a veces se lo olvide— muy reciente (demasiado reciente como para tomárnoslo con calma).

Mientras que la ciudad, un poco por proceso ideológico y otro poco por negocio, termina de acostumbrarse al nuevo paisaje, al punto tal que en una escuela porteña una alumna travesti puede ser abanderada, los pueblos siguen estas transformaciones con mucho más recelo. Insultos que se han vuelto si no insoportables al menos políticamente incorrectos en la urbe, tienen plena vigencia a pocos kilómetros, donde la Iglesia —por lo general, en manos de sus elementos más reaccionarios— conserva mayor injerencia en el desenvolvimiento de la vida social (aun cuando sus habitantes, en buen número, no dudarían en calificarse como católicos “no profesantes”).

El peso decisivo de esta institución milenaria que pide disculpas con quinientos años de atraso (pregúntenle a Galileo), resulta evidente al escuchar el testimonio de Sara, actual integrante de La lesbianbanda, que lejos de provenir de un pueblo argentino o sudamericano (a los que un descuido podría imputar cierto “atraso ideológico” ligado a la supuesta modernización frustrada del Tercer Mundo) proviene de un pueblito en una de las grandes naciones industrializadas: “Mi pueblo se llama Trevisso, está en Italia. ¿Cómo es allá? Hace un año, nada más, salió publicado en el Corriere della Sera que el alcalde dijo que había que hacer limpieza étnica contra los homosexuales, así que imaginate. No era sólo el alcalde, sino también la sociedad, porque el Vaticano tiene un peso muy fuerte en Italia. Un día, hablando con mi mamá, ella me dijo: sí, tiene razón el alcalde. Yo no lo podía creer... ¡mi mamá!”.

Pelotas y muñecas

A menudo, quienes venimos del interior deploramos la suerte de los niños porteños, condenados al encierro, la vigilancia constante y el control estricto, con la convicción —más o menos férrea— de haber disfrutado en nuestra infancia de mayor libertad. Sin embargo, a poco de reconstruir nuestra biografía se advierte un detalle: muchas veces, la primera noción de que “algo raro pasaba”, de que uno era “rarito” o “poco femenina” no fue personal, íntima, sino que vino del exterior. “Yo sabía que era maricón mucho antes de saber que me gustaban los hombres, es más, antes de saber cómo se hacían los bebés, es decir, antes de saber qué era coger”, dispara Mariano, que hasta los veintidós años vivió en un pueblo bonaerense de 5000 habitantes. “Ser maricón era no jugar a la pelota, querer estudiar danza como mi hermana, llorar si me golpeaba, tenerles miedo a los petardos, juntarse mucho con nenas..., todas esas cosas, y era algo que me habían dicho desde siempre, desde chiquito, y que me decían todo el tiempo.”

Maricón y marimacho, he aquí las contraseñas con que el pueblo comienza a vigilar, desde temprano, aquellas actitudes sospechosas, extrañas, que ponen en entredicho la rigurosa división entre nenes y nenas que es el pan nuestro de la norma social. El rótulo no sólo sirve para que todo el pueblo preste atención y colabore con la dura tarea de “corregir” a los desviados, sino también para marcar a las víctimas: temerosos del estigma, de chiquito nadie quiere ser maricón, y al ser llamadas marimachos, las nenas se encogen de hombros y se largan a correr. Uno no sólo es anormal, sino también, en cierta medida, culpable. Dolorosamente, no es inusual que los encargados de esta yerra sean los propios padres. “Antes —recuerda Sara—, cuando no lo sabían, mi papá y mi mamá muchas veces me preguntaban por qué me vestía así, si era lesbiana, o directamente me decían marimacho, y yo se los negaba, negaba la evidencia; pensaba que estaba enloqueciendo, me sentía muy sola. Porque yo sé que parecía un macho: me vestía siempre con vaqueros, camisas amplias, zapatillas, el pelo taxativamente corto y con gel. Ni hablar de pintarse la cara, nunca. Y pollera tampoco. Era una lucha con mi mamá, que me compraba ropa estilo femenino que yo terminaba guardando en el placard, porque yo era así. Jugaba con chicos, no con Barbies. Después de que me vine para acá, una vez hablé con mi hermana y ella me dijo que mi papá y mi mamá son más felices si yo estoy lejos, porque para ellos sería una vergüenza que yo estuviera ahí, feliz como lesbiana. Para ellos es una enfermedad, algo anormal.”

La consecuencia más inmediata es, con mucho, previsible. Al llegar la pubertad y presentarse los primeros estímulos sensuales, se desencadena la paradoja de reconocerse y aborrecer de sí en el estigma. “Me acuerdo de que cuando empezaron a gustarme los chicos fue horrible. Yo no quería ser puto, porque quería demostrarles a todos los que me habían hecho la vida imposible que se habían equivocado, que yo no era lo que ellos decían..., ahora que lo pienso era muy loco, porque si yo era puto, ellos ganaban, pero si no, también”, reflexiona hoy Mariano, lejos ya del pueblo. De hecho, todos los testimonios que han permitido armar esta nota, incluso los recuerdos de quien escribe, son de algún modo discursos de exilio: para quienes tenemos más de 30, al menos, el único modo de poder decir “soy” era irse a Buenos Aires, cuando fuera, como fuera.

El encuentro imposible

Entretanto, la vida no asumida o encubierta transcurría por los carriles habituales del desconcierto, de nunca saber dónde se está parado, con quién se puede qué. Liliana vivió en San Miguel de Tucumán hasta los 27 años, cuando un incidente la puso frente al infierno tan temido: “Me había gustado una amiga, pero yo lo había tomado como una fantasía, nada más. Ella me iba a buscar a todos lados, me llevaba y me traía, y me había propuesto proyectos laborales. Yo estaba contenta con eso. Teníamos gustos muy parecidos. Si vas a tener una socia está bueno compartir eso, los gustos. Hasta que un día me dieron ganas de darle un beso, y ahí reculé. Le dije que no podía participar del proyecto, que me iba a vivir a Buenos Aires. Ella se enojó, porque la dejé plantada con todo. Nunca supo lo que a mí me pasaba. No sé cómo hubiera reaccionado, tuve la duda, por eso nunca le conté. La última vez que la vi, fuimos a tomar un café y me moría de ganas por contarle mis cosas, pero no me animé”.

La contracara de la calentura que no avanza, del cuerpo que no entra en acción, quizá sea el amor que no osa decir su nombre, moneda corriente entre varoncitos, como bien sabe Mariano: “No, novios no, porque yo estaba convencido de que a mí me gustaban las chicas, aunque no salía con ninguna. Eso sí, siempre tenía un amigo, mi mejor amigo de ese momento, digamos, y con ése, que fueron tres, siempre terminaba pasando algo, porque estábamos borrachos o porque sí... toqueteos, mamadas, cada vez más zarpado. Pero de eso no se hablaba, era como si no hubiera pasado nada, nos hacíamos los boludos, ninguno se hacía cargo. Es más, uno después les dijo a todos que yo me había regalado y que él no había querido nada, que por eso no me hablaba más. ¿Ahora? Creo que están casados, los tres. Bueno..., uno que era profesor mío de taller ya estaba casado en esa época.”

Las risas, el chiste, no alcanzan a ocultar lo evidente: la que tendría que haber sido la edad de los descubrimientos, de los romances tímidos, tortuosamente sencillos, termina siendo un laberinto de sensaciones encontradas, de recuerdos agridulces. La biografía de quien se descubrió diferente en un pueblo suele terminar convertida en un teatro íntimo de fantasmas, asignaturas pendientes, situaciones claras en retrospectiva. “No sé”, reconoce Pablo, que hace cinco años, llegada la mayoría de edad, abandonó el pago sanjuanino. “Más de una vez me cuelgo pensando en cosas que pasaron, como una vez que un chico de quinto año, yo estaba en segundo, me preguntó si me gustaban las revistas porno y no supe qué decirle, pensé que me estaba jodiendo. Ahora me doy cuenta de que era un lance, que me estaba midiendo a ver qué pasaba, y me hubiese gustado tener esa historia, porque era muy lindo él. Creo que me la perdí por paspado y me da bronca.”

Más adelante, cruzadas las incertidumbres de los primeros años, las cosas tampoco resultan sencillas. “En Trevisso tuve dos parejas”, recuerda Sara. “A Anita la conocí en una fiesta de cumpleaños y a Selly en el trabajo. Las inicié yo, antes eran heterosexuales y después volvieron a serlo. Las dos me dejaron por el mismo motivo: la presión social. No podían decírselo a la familia, no querían blanquear lo que estaba pasando. Ya no soportaban las preguntas de los compañeros de trabajo —¿tenés novio?, ¿salís con alguien?— o que los padres les preguntaran sobre su relación conmigo, por qué dormíamos juntas y esas cosas. Después que cortamos, Selly conoció a un chico y quedó embarazada.”

Los normales

Se sabe: en los pueblos hay muy poco puto o torta sueltos, salvo alguno que otro raro ejemplar, como el peluquero aquel o esas dos profesoras de gimnasia, de quienes todo el mundo —para que no quede duda— murmura. Crecer en un pueblo es respirar un clima donde, efectivamente, “todo el mundo está casado” (incluso las personas del mismo sexo con las que uno o una se acuesta). Consecuentemente, la mayoría de quienes se sienten diferentes intentan, con distinta suerte, establecer relaciones heterosexuales. “Hasta que me fui de San Miguel —reconoce Liliana—, todas mis relaciones fueron con varones, y eran exclusivamente sexuales o de amigos, nunca de amor. Yo sentía que estaba viviendo la vida de mi mamá y mi papá, nunca me enganché.”

Contra los prejuicios que despierta el tema, sin embargo, en algunos casos se establecen vínculos más profundos. Pablo, por ejemplo, tuvo novia durante cinco años. “Y ahora todos me preguntan cómo hacía, pero la verdad es que no la pasaba mal. Había algo que no estaba, sí, yo quería algo más, pero no es que tenía que hacer un esfuerzo para acostarme con ella. La pasábamos bárbaro. Decirle a ella fue lo más difícil para mí, porque yo la quería mucho y sabía que no me iba a entender. ¿Cómo le decís esto a alguien que quiere casarse con vos y que alguna vez hasta te dijo los nombres que quería ponerles a los bebés? ¿Cómo le explicás que no estuviste mintiendo, que vos también creías en todo eso? Durante dos o tres años ni siquiera me habló. Después volvimos a ser amigos, un tiempo, pero se fue cortando..., es como si ella no pudiera bancarse. Yo sé que hace fuerza, pero no le sale.”

Los encuentros confusos, los intentos de normalización frustrada, en más de una ocasión contribuyen a deformar la propia imagen, a fomentar el rechazo. “Como te dije, a mí me gustaban las chicas... y yo intentaba, pero ninguna me daba bola, no sé, se darían cuenta”, recuerda Mariano. “Con el tiempo esto me fue traumando, estaba seguro de que era horrible, feísimo. Vivía torturado. Por eso, para mí descubrir el mundo gay fue como un estallido: uy, puedo gustarle a alguien. Era una sensación nueva. También me fui de mambo un poco, terminé en cualquiera. Así y todo, cada tanto me miro al espejo y me cuesta no verme feo. Creo que es algo que no se pasa nunca.”

Para Sara, cambiar de aires, salir del encierro pueblerino, también significó un cambio consigo misma. “Cuando vine a Buenos Aires recién sentí que era yo, una nueva persona. Acá no me conocía nadie y me sentía totalmente libre de expresar lo que era. Si me imagino otra vez caminando por Trevisso, retomando la vida de antes, me agarra una gran depresión. Me sentiría muy sola. En cambio, cuando llegué acá me saqué un peso de encima, fue como sentir que ya nadie me estaba mirando detrás de las ventanas, y que también cambiaba mi mirada: por fin podía aceptarme a mí misma.”

Queda, desde luego, una pregunta obvia, terrible: mientras las cosas no cambien, ¿cómo la pasan todos esos chicos y chicas que por distintos motivos no pueden escapar del pueblo?

Hugo Salas y Paula Jiménez – (Soy)
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viernes, 16 de mayo de 2008

Primeros palotes


En la más tierna infancia, cuando la identidad y la diversidad empiezan a aflorar con entusiasmo y con cierto candor, el mundo de los adultos se esmera en marcar límites estrictos en nombre de la normalidad.

Mañana de invierno en un jardín de infantes. “Señorita, le quería contar algo. Me voy a casar con Martín.” La declaración es un clásico de la literatura romántica infantil, alentada por tanto príncipe y princesa que encuentra final feliz comiendo perdices. Pero, ¡oh!, el que acaba de pronunciarla es Sebastián, que quiere casarse con su mejor amigo, y se lo está contando en voz alta a la persona en quien más confía. En este caso, la respuesta es bastante atípica. Julieta, docente de nivel inicial, y la primera en enterarse del asunto, nos cuenta que reaccionó con absoluta calma: “Ah, bueno, le dije. Y los demás chicos se mataron de la risa, pero no pasó de eso. No hubo ningún tipo de estigma ni de señalamiento, menos aún una verbalización de esa diferencia”. Sebastián tuvo la suerte de manifestar esta ocurrencia en salita de tres, donde a veces se tolera este tipo de irrupciones “disparatadas” porque se las ve como parte de la pulsión experimental de todo infante. Y de encontrarse con una maestra abierta a ese tipo de exploraciones. “Yo siempre entendí la cosa ‘afeminada’ de Sebastián como algo exploratorio, propio de su edad”, aclara Julieta.

AFEMINADOS Y MACHONAS
Aun en el marco de una lectura bien intencionada, la mirada de la maestra registra dos casilleros, que todos seguimos reproduciendo como excluyentes: femenino-masculino. Quien no cumpla con todos los puntos de uno se ubicará parcialmente en el otro. Así, “afeminado” y “machona”, aun cuando se acepten como tales, son subgrupos de los que a su vez quedan excluidos infinidad de matices, estilos, futuros, potencias. Cuando esta etapa preescolar, en la que la estimulación es prioridad, sea remplazada por la siguiente en la que los contenidos curriculares (letras y números) marcan el ingreso a un mundo que se cree más ordenado cuantas menos categorías tenga, las cosas cambiarán. Pobre de Sebastián si llega a insistir con su amor por algún compañero en la escuela primaria. En realidad tampoco necesita llegar a eso. Si muestra desinterés por los deportes, si prefiere la lectura antes que el fútbol, si llora muy seguido cuando tiene miedo, si no es violento, si quiere ser bailarín o jugar con muñecas se verá sometido a toda una serie de lecciones, sintetizadas en una máxima fatal: “Mirá como hacen los otros nenes y aprendé”. Sus compañeros y compañeras ejecutarán la ley del género que sus padres les han inculcado. Se burlarán, tendrán tácita vía libre para ignorarlo, pegarle y hasta para bajarle los pantalones como parte de los innumerables ritos que forman y refuerzan la masculinidad. En el límite, estas prácticas convocarán una cobertura mediática que las englobará bajo un nombre importado (bullying), para luego dormirse en la almohada de las conciencias bienpensantes. Los nuevos tiempos pedagógicos incluirán consultas con padres y psicopedagogos, cruce de acusaciones, negaciones, manifestaciones de temor, según cada caso. Este disciplinamiento suele ser más doloroso para niños y niñas que serán gays y lesbianas en el futuro, pero esto no significa que los demás estén librados de la violencia que supone. La mayoría lo olvida, esa es la diferencia.

“Todos los años hay nenes que quieren ir al baño de nenas, a los que no podemos hacerles entender que tienen que hacer pis en el baño de varones”, relata Marta, maestra en una escuela municipal de la Capital. “Ellos lo que dicen muchas veces es que se sienten amenazados por los demás varones, que los cargan o los molestan cuando están cerca del inodoro. A mí lo que me parece es que los asusta cierta brutalidad que tienen los varones cuando son chicos. Otros dicen que quieren ir al baño de nenas porque ahí hay espejo, y les gusta arreglarse. (¿Por qué no hay espejos en los baños de varones?) La situación es difícil. Yo trato de acompañarlos y comprenderlos pero las nenas a la vez se quejan, porque ellas lo ven como un varón y se sienten invadidas. Y ni hablar de los padres de las nenas, que vienen a hablar a la escuela porque ellas les cuentan que hay un varón que usa su baño. La dirección obviamente nos explica que tenemos que obligarlos a ir al baño que les corresponde, y que los mandemos a firmar el libro tantas veces como sea necesario si no obedecen. La verdad, no puedo pensar en ninguna solución que deje contentas a todas las partes.”

No es de extrañar, dado que no hay ningún protocolo que les indique a los docentes, y a los directivos, qué cosas pueden, no pueden, deben o no deben hacer ante estos casos. En octubre de 2006 se sancionó la Ley Nacional de Educación Sexual Responsable, que establece como obligación del Estado la protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes en esta materia. No se ha implementado ni reglamentado todavía.

¿SENTIDO COMUN O SINSENTIDO?
Matías tiene 30 años y trabaja como diseñador gráfico. Se acuerda de esta anécdota “como si fuera ayer”. Su abuelo le había regalado un álbum de Frutillitas (¿ignoraba su contenido? ¿actuó como cómplice? Matías se lo pregunta hoy; desafortunadamente su abuelo ya no está para contestarle). Lo cierto es que a los siete años se moría por los vestidos de las distintas frutitas, la profusión de flores y animalitos rosas, el aroma a chicle globo del “raspá y olé”, el final de las historias con el triunfo del bien coronado siempre por una “lluvia de corazones”. El día en que el álbum tendría su debut escolar, Matías se despertó cargado de entusiasmo. La expectativa se terminó en el primer recreo. Salió al patio radiante, los bolsillos llenos de figuritas listas para ser cambiadas, el álbum bajo el brazo derecho. En seguida, una compañerita se encargó de proclamar la anomalía: “¿Qué hacés con eso? ¿No sabés que Frutillitas es de nenas?” A partir de ahí las imágenes se suceden desordenadas: el álbum volando por el aire, las risas endiabladas de sus compañeros, la socialización forzada de todas las figuritas de su colección entre las “nenas” del curso, el gesto indescifrable de la maestra, que aprobaba el ajuste de cuentas con cierto aire distraído. No movió un dedo para detener lo que parecía obra de la naturaleza: la justa corrección de un desvío. “Era como si ella en ese momento estuviera viendo el Animal Planet, como si los golpes y los gritos formaran parte de un paisaje africano. Los chicos eran las hienas y yo una gacela, o algo así.” La cosa no se detuvo ahí. Una vez concluido el ataque, la maestra lo llamó para explicarle que él tenía que tratar de jugar con los otros varones y de coleccionar esas figuritas de fútbol o de autos que ostentaban sus compañeritos. Matías apenas se había secado las lágrimas y tenía el guardapolvo lleno de barro, pero eso no era tan importante. Después de todo, es a los golpes que se hacen los hombres, ¿no? El proceso siguió con un reglamentario llamado a la madre. Señora, tenga cuidado con lo que le compra al nene porque en el aula se generan problemas. Los otros chicos se alteran y esto dificulta la convivencia escolar. Por favor esté más atenta a lo que hace su hijo. En los próximos meses la madre redoblaría las dosis de autitos y de fútbol por TV.

Lo que se observa en todos estos casos de violencia entre pares es que los maestros y las maestras en general no intervienen o intervienen correctivamente, para ratificar la ideología de género y, llegado el caso, sólo hacerse cargo de la agresividad física que desordena la clase. Actúan desde el más puro sentido común, o desde su intuición, que a veces puede ser sumamente reaccionaria, o no colaborar en nada para llevar a buen puerto estas situaciones. Esto es lo que sostienen especialistas como Juan Péchin, investigador del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Géneros de la UBA y del Conicet, activista del Area Queer de la UBA y secretario de Educación de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (Falgbt).

A pesar de que nadie se reconoce apto para dar educación sexual, a pesar de que la ley de educación es tan discutida y que su ejecución quema en las manos de maestros, maestras y directivos, los y las docentes funcionan como guardianes de un orden de género que se reproduce día a día en los gestos más mínimos. En esta suerte de “educación sexual invisible” los y las docentes transmiten sus propias perspectivas, ideas, emociones y prejuicios acerca de la sexualidad a través de las relaciones que establecen con sus alumnos y alumnas. Lo hacen cuando alientan comportamientos diferenciados para varones y para mujeres, cuando pasan por alto situaciones de abuso o cuando no quieren hablar de sexo y hacen de ese tema un tabú. Según Péchin, “es preocupante que no haya un soporte institucional que alerte a los y las docentes sobre el uso irrestricto de su sentido común. No deberían poder usar su sentido común como un dogma. En general, ese sentido común implica una serie de normas que no son las del chico o la chica, que se está rigiendo por otras. En general lo que impera es el binarismo que conocemos, en el cual lo femenino nombra a la mujer y lo masculino al varón. Y eso se les inculca a los niños y la niñas desde muy temprano. Por eso, yo creo que lo que debería discutirse son los lugares de género y su construcción, que funcionan naturalizadamente como indicadores de la orientación sexual. El Inadi nos convocó para pensar estos temas e intervenir de a poco. Por ejemplo, se trabaja con editoriales de libros y manuales escolares para evitar que se reproduzcan en sus páginas formas normativas y esencializadoras de entender los géneros. Hay también un proyecto para producir un material que se le pedirá al Ministerio de Educación que haga circular y que serviría para trabajar géneros e identidades en el aula. Son pequeños pasos”.

Claro, hay que enfrentarse a esta otra realidad: “Es muy difícil para los y las activistas meterse entre los maestros, los padres y los niños. En un contexto en el cual la idea de patria potestad prima sobre la posible libertad del niño o de la niña podés ser denunciado como corruptor de menores, sin ir más lejos. En este sentido, los padres son los guardianes más férreos de la identidad de género de los niños y de las niñas”. Se sabe: la escuela no funciona en un vacío de sentido. Forma un dispositivo reproductor de las normas de género junto con la familia y los medios de comunicación. Aun cuando se cuenta con docentes como Julieta, que saben alentar sin miedos las diferencias, la vuelta al orden está asegurada por los temores de padres madres y las ideas convencionales sobre los géneros que sostenemos entre todos. En el camino lo que se castiga no es meramente una supuesta elección sexual precoz. Se restringe también la libertad de explorar y ensayar formas nuevas de expandir las identidades de género, formas que florecen más allá de los controles y que no cesan de desdibujar esas dos únicas maneras de ser: hombre o mujer.

MI VIDA EN ROSA
A pesar de la apertura que el siglo XXI promete en los medios, en el dictado de leyes y en un reconocimiento a fuerza de consumo, la tierna infancia sigue siendo un terreno fuertemente vigilado. Lo curioso es que el control violento que se ejerce sobre los más chicos podría desarmarse sin recurrir a nuevas reglamentaciones: basta con una lectura sincera de las que ya están consensuadas. Para empezar, los derechos del niño. Como señala Vidarte en Homografías: “Si todos los niños y niñas deben estar protegidos contra los malos tratos (art. 6 de los Derechos del Niño), eso significa que no se puede ejercer sobre ellos y ellas violencia física, psicológica o simbólica con el único objetivo de promocionar una identificación heterosexual o de castigar actitudes, gustos, opiniones, aficiones, etc., que se quieren interpretar como señales de disconformidad con un modelo de rol de género o con una posible preferencia sexual”.

Hasta entonces, el derecho a la diferencia se hará carne sólo en aquellos que lo enarbolen con obstinación. Las travestis suelen ser ejemplo en este camino de la afirmación sonriente, ejemplo a prueba de acosos y apremios.

Sophia es una transexual que hace años es conocida por ese nombre. Baila y actúa en distintos escenarios porteños sin mayores inconvenientes. Sin embargo, recuerda bien su situación de “niña problema”. “Las maestras insistían en llamarme Alberto, como figura en mi DNI. Yo les explicaba que mi nombre era Sophia y que así debían llamarme, porque yo me siento Sophia desde que tengo uso de razón. Las maestras se negaban y retaban a los pocos compañeritos que me llamaban como yo quería. La solución que encontraron era mandarme una y otra vez a la dirección. Me hacían firmar un libro gordo y negro, que indicaba la falta de conducta. Por supuesto, yo firmaba con mi nombre y todos se escandalizaban aún más. Este chico es incorregible, decían. Y llamaban a mi madre. Pero ella siempre fue una madre ausente así que no podían hacer mucho, y me salí con la mía. Los maestros terminaron por llamarme Sophia, mis compañeros también. Se cansaron de insistir”.

Sophia se salió con la suya, pero esta victoria tiene sabor a poco si pensamos en todos los que terminaron cediendo, corrigiéndose o torturándose para no vivir en la vitrina de los “bichos raros” escolares. Las cosas, por suerte, se van relajando de a poco. Y hoy no es raro ver a nenas jugando al fútbol en el recreo o a nenes que al llegar a séptimo grado aprenden a pintarse los ojos de la mano de sus novias. Las prácticas de los más chicos van erosionando ciertos moldes que para nosotros tenían rigidez de ley. La escuela, algunos docentes al menos, va tomando nota. Y no es descabellado pensar que en unos años niñas como Sophia serán llamadas por su nombre mientras se casan en el patio de la escuela con algún compañerito.

Que sea gay, pero que no sufra
“Yo con mi primer hijo me hice la progre y no me fue muy bien. Ahora no sé qué pensar”, cuenta Adriana, bibliotecaria en una universidad privada y madre de dos, un varón de 7 y una nena de 4. “Roque siempre fue muy lector, muy callado, bastante delicado también. A mí y a mi marido no nos preocupó en lo más mínimo. Tenemos muchos amigos gays y bueno, si él iba a ser gay, que lo fuera. Lo que pasa es que en la escuela la empezó a pasar mal. Los otros compañeros lo tomaron de punto porque no quería jugar al fútbol, porque en el recreo no participaba de la cosa medio grupal. Y las maestras en general me lo marcaron como un problema de socialización de él, ¿entendés? Como que ese estilo diferente que él tenía, bueno, era un problema que teníamos que solucionar. Nosotros nos pusimos mal y lo que hicimos fue mandarlo a fútbol. No con la idea de que entonces se haga más ‘masculino’, pero sí pensando que tal vez antes lo estábamos dejando muy en banda o no incentivándolo a que desarrollara cosas que todos los nenes de esa edad desarrollan. No sé. Fue un tema muy complicado la verdad. Nosotros odiamos el fútbol además. Pero bueno, lo tuvimos que hacer para que él estuviera más integrado, menos solo.”


Dame tus plataformas
Patricio acaba de cumplir 15 años y pasa casi todas sus tardes en una galería de la calle Santa Fe. Sale prácticamente corriendo del colegio y se instala en alguno de los locales que venden la música que le gusta o los zapatos con plataforma que hace poco aprendió a llevar: “Me los enseñó a usar mi novia. Es bastante difícil caminar con esto puesto, pero me hacen más alto y me gusta usar lo mismo que usa ella”. El look es claramente “femenino”: shortcito corto negro, medias de red idem, remera ajustada, ojos y labios pintados. Le pregunto cuándo empezó a vestirse así. “Yo me visto así hace mucho, desde que tengo 8 o 9 años. Mi hermana es bastante más grande que yo y en ese momento escuchaba Korn y otros grupos que me encantan. Ahora no sé si es dark, ahora trabaja de secretaria.” Pero en ese momento me pintaba los labios o me hacía ponerme sus polleras. A los 12 la acompañé a un recital y fuimos vestidos prácticamente iguales. Mis viejos nunca dijeron nada, les parece bien. Tuve problemas en la escuela, cuando era chico. Yo a veces iba con una remera larga negra y me pintaba las uñas. Cuando nos sacábamos el guardapolvo para hacer gimnasia me decían que tenía un vestido, y me puteaban sin parar. Yo nunca fui de defenderme mucho. La maestra tampoco. Con lo de la remera y las uñas llamaron a mi vieja varias veces. Ella iba a la escuela y los cagaba a pedos porque les decía que yo me podía vestir como quería. Entonces las maestras me agarraban más bronca, y en general no hacían nada cuando los otros me jodían. Por suerte ahora me puedo defender mejor y además me rodeo de gente que es como yo.”


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La Corte de California autorizó el matrimonio homosexual


En un fallo que podría tener impacto en todo Estados Unidos, la Corte Suprema de California declaró ayer inconstitucionales las leyes estatales que prohíben el matrimonio entre homosexuales, con el argumento de que "violan los derechos constitucionales de las parejas del mismo sexo".

La decisión, que se hará efectiva en 30 días, convirtió a California en el segundo estado del país, después de Massachusetts, en permitir el matrimonio entre homosexuales.

En el fallo, aprobado por cuatro de los siete magistrados, la Corte expresó que "permitir a las parejas del mismo sexo sólo acceso al estatus de unión doméstica infringe sus derechos constitucionales a casarse y a tener la misma protección ante la ley".

Jeffrey Prang, alcalde de West Hollywood, la capital homosexual en Los Angeles, dijo que se trataba de "un día histórico, no sólo para California sino para la nación".

El veredicto, que dio la razón a los demandantes -la ciudad de San Francisco, grupos que apoyan a la comunidad gay y parejas homosexuales-, fue el último episodio de una serie de decisiones judiciales iniciada en 2004.

En febrero de ese año, el alcalde de San Francisco, Gavin Newsom, autorizó los enlaces entre homosexuales por considerar que la ley estatal contradecía la Constitución. En las siguientes semanas, cerca de 4000 parejas gays se casaron en el ayuntamiento local.

Un mes después, la Corte Suprema de California ordenó paralizar las bodas y anuló los enlaces celebrados en agosto de ese año, al alegar que Newsom carecía de autoridad para contradecir las leyes estatales. Sin embargo, la decisión de ayer, muy celebrada por la comunidad gay de California, no fue la última palabra sobre el tema.

Grupos conservadores de carácter religioso han recolectado más de un millón de firmas que apoyan una iniciativa que pretende modificar la Constitución de California para declarar inconstitucional el matrimonio entre homosexuales.

Si 694.354 de estas firmas se declaran válidas, la medida podría votarse en California en los comicios del próximo 4 de noviembre, en coincidencia con las elecciones presidenciales. De ser aprobado un cambio en la Constitución, todas las decisiones judiciales anteriores quedarían anuladas.

Por su parte, el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, que había vetado dos proyectos de ley a favor de los matrimonios homosexuales, dijo que respetará y ratificará la decisión de los magistrados y aclaró que no apoyará una enmienda a la Constitución para anular el fallo de la Corte.

Impacto político

La sentencia puede tener repercusiones en la carrera hacia la Casa Blanca. El candidato republicano, John McCain, se mostró contrario al matrimonio entre personas del mismo sexo; los demócratas Hillary Clinton y Barack Obama también, aunque están a favor de las uniones civiles.

Según los analistas, debido a la influencia que tuvieron otras medidas adoptadas en California y a que, con 37 millones de habitantes, es el estado más poblado del país, el fallo podría repercutir en el resto de la nación.

"Los ejemplos de la Corte Suprema de California son frecuentemente imitados y sientan precedente", indicó David Cruz, profesor de derecho de la Universidad del Sur de California.

"Este fue el primer estado en retirar las leyes contra el matrimonio interracial, 19 años antes que la Corte Suprema de Estados Unidos", señaló Cruz, quien agregó que la decisión "puede ser tremendamente influyente".

Agencias ANSA, AP, AFP y EFE
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domingo, 11 de mayo de 2008

¿Es usted homófobo?


Conteste marcando una de las tres respuestas posibles.

¿Qué haría si tuviera un hijo homófobo?
a Intentaría ayudarlo a dejar de serlo.
b Respetaría su actitud.
c Iría con él a patear maricones.

¿Le importaría que en su barrio hubiera personas homófobas?
a Sí.
b Me daría igual.
c No, de hecho está lleno y todo bien.

¿Cuál es el origen de la homofobia?
a Es algo social, derivado de la educación y de los valores de una sociedad machista.
b Es algo genético, es inevitable.
c No tiene origen, es algo natural.

¿Cree que los homófobos deberían tener derecho a ser padres o a adoptar niños?
a No, dañarían gravemente el desarrollo afectivo y la salud mental del hijo.
b Quizá.
c Cómo no, si no, nos saldrían todos los hijos maricones.

¿Cree que la homofobia es un desorden moral, un pecado, una aberración?
a Sí.
b No sé.
c No es pecado, es bueno, lo dice la Iglesia.

¿Cómo cree que deberían ser tratadas las personas homófobas?
a Deberían ayudarlos con campañas educativas y apoyo psicológico.
b No sé.
c Deberían darles un premio por mantener limpia la Tierra.

¿Se considera usted homófobo?
a No.
b No, yo comprendo y tolero a los homosexuales, son muy sensibles.
c La homofobia no existe, son cosas de maricones.

¿Cree que habría que exterminar a los gays, las lesbianas y farmacéuticos?
a No.
b No creo.
c ¿Por qué a los farmacéuticos?

Solución
Mayoría de respuestas a: no es una persona homófoba, o sí, pero sabe mentir.
Mayoría de respuestas c: usted es un flor de homófobo/a.
Mayoría de respuestas b: es el peor de los tres, porque es homófobo y no es consciente de ello. Su silencio y su pasividad suponen una forma de complicidad con la homofobia.

Este test fue ideado por el sociólogo español Javier Sáez.
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sábado, 10 de mayo de 2008

Boris Izaguirre: Con alma de culebrón


El mediático, prolífico, casado y venezolano autor de Villa Diamante, novela finalista del Premio Planeta, recuerda con cariño a muchos de los iconos que emplumaron su más tierna infancia. A la hora de reflexionar sobre literatura, rinde eterno homenaje a la telenovela venezolana, de la que hereda un sello de estilo: directo al corazón, que se pueda leer mientras se hace otra cosa.

¿Qué te trajo a la Argentina?
—Estoy de visita por la Feria del Libro, porque aquí comienza la gira latinoamericana por mi última novela, Villa Diamante, que fue finalista del premio Planeta de este año. Luego me voy a Perú, Colombia y México. Me causa gracia ir a la feria en la Sociedad Rural, donde yo siempre he visto ganado, es un espacio con amplia capacidad para transformarse, ¿no crees? Pero no es mi primera vez aquí, yo he vivido en la Argentina por accidente, porque en los ’90 hubo una moda de guionistas de telenovelas venezolanos y yo recibí una oferta de este país para venir a trabajar aquí. La acepté para irme de Caracas. Vivir aquí era la mejor posibilidad para independizarme de mi familia y de mi país, fue una puerta de escape.

¿Qué te gustó de Buenos Aires?
—Es un lugar completamente personal, pese a que los argentinos se esfuerzan tanto en compararse con otros sitios, es un lugar muy individual, muy único. Mi año de vida en Buenos Aires fue mi instrucción para desarrollar mi vida en Madrid. Para los latinoamericanos, ustedes son la primera puerta hacia Europa. Desde aquí, viví el golpe de Estado del 4 de marzo de 1992 de Hugo Chávez, y recibí justo al mismo tiempo una oferta de Galicia. Me fui a España porque no quería volver a Venezuela, por Chávez.

¿Tenés un lugar favorito?
—Me gustan mucho los Palermos. Pero el Jardín Japonés es mi lugar favorito. De hecho, es la contraportada de mi novela, una foto que tomó mi marido, a quien me costó horrores convencer de que nos fuéramos. Villa Diamante se terminó de escribir aquí, en Buenos Aires. También me encanta el Planetario. Los bosques de Palermo y Palermo Chico me encantan. Siempre he pensando que yo nací en ese lugar antes, en otra vida. Descubrimos también el estadio de Huracán en Parque Patricios, llevo su imagen en mi salva pantalla de móvil. El nombre me fascina, HU-RA-CAN. Lo visitamos la última vez que estuvimos en Buenos Aires, en el verano. El estandarte es como el sello de la RKO, la productora cinematográfica de los ’30, son contemporáneos.

¿Para qué público pensás tu última novela?
–Villa Diamante es una novela para ser leída en el subte por una persona que tiene que ir a trabajar, que roba tiempo para entregarse a la ficción que lo atrape y lo seduzca. Mi lectura es un poco más masiva, no me planteo escribir de otra manera, quiero que atrape. Eso tiene que ver con que he sido guionista de telenovela, es algo que te enseña a conectar. Yo soy de los últimos que vieron lo artesanal de la telenovela, ahora son maquinarias empresariales. Pero la comunicación es siempre directa. Yo pienso mucho en la lectora, pero jamás había escrito una historia con una protagonista, con un obstáculo tremendo que es su hermana, mucho más bella que ella y, si algo pasara, los padres protegerían a su hermana. Pero ella es una mujer con una capacidad increíble para reinventarse y recuperarse, y eso me ha hecho ganar muchas lectoras. Yo quería contar la historia de cuando Venezuela en los años ’50, durante la dictadura de Giménez, fue para el mundo la gran esperanza, el futuro. Caracas era la ciudad donde todo podía suceder, había todo el dinero del mundo, siempre gracias al petróleo. Se hicieron muchas obras que siguen en pie, entre ellas una casa privada, por un arquitecto italiano, Gio Ponti, para uso y disfrute de una pareja. Esa casa significa para mí esa idea de futuro terriblemente asociada a una dictadura latinoamericana. Son dos carreteras que solo la ficción podía mezclar bien.

¿Existe la literatura gay?
–Yo tengo mi novela gay, Azul Petróleo, que es un asesino en serie que mata en Caracas, donde las familias de los difuntos prefieren ocultar el hecho a tener que asumir la sexualidad del asesinado. Es una novela sobre la mentira. Yo creo que no existe la literatura gay, aunque muchos autores hicieron un ejercicio gay. Sí creo que la homosexualidad, como condición sexual y como hecho perseguido y discriminado, ha generado una manera de observar que se ha apoderado de diferentes elementos culturales y ha creado con ellos una cultura propia. No soy defensor, porque no defiendo nada, pero ese grupo de elementos unidos generaron una cultura gay, y quienes se sienten atraídos a esa cultura no tienen que ser gays ni hétero, simplemente sentirse atraídos. Esa cultura nos ha dado frutos extraordinarios e iconos increíbles, y si quiere esa cultura abrazarme no me voy a negar; por el contrario, me sentiría encantado.

¿Tenés algún escritor argentino entre tus preferidos?
—Manuel Puig. Mucha gente lo asocia conmigo, Juan José Villas, el ganador del Premio Planeta, me dijo que he dado en el clavo porque desde la muerte de Puig no ha habido escritor latinoamericano que trabaje en el terreno del melodrama utilizando la política. Pubis angelical es mi libro, siempre ha logrado atraparme y siempre que vuelvo a él tiene algo nuevo para mí.

Muchos identifican a Manuel Puig con el camp. ¿Vos intentás hacer una literatura en esa dirección?
—Yo estoy conectado con el camp, no sé si mi literatura. Yo quiero escribir cosas históricas pero con espacio de lirismo en la prosa. Pero mis arterias y mis gustos sin duda lo son. El camp ha sido una guía, una identidad cultural propia para mí y para mi generación. En los ’80 estábamos muy decididos a no tener nada que ver con Latinoamérica, cuando en realidad somos sus últimos grandes hijos. Por ejemplo, amábamos Talking Heads y, mira, David Byrne ahora hace música latinoamericana. ¡Es como si Boy George pinchara Ketama en las fiestas! Pero habría que ver quién puede sostener presenciar lo camp por más de 15 minutos. Por ejemplo Flying Down to Rio, con Carmen Miranda, ¿quién la vio entera? Tú ves trozos de estética perfectamente puesta. De pequeño, mi máximo de glamour eran las Trillizas de Oro: jugábamos con mis amigas a que éramos las trillizas, porque tenían un programa en Venezuela, y yo era la cuarta trilliza, María Todo me llamaba. Luego las conocí y me pareció que ellas escogieron lo lógico, aburguesarse, casarse con polistas, es un mundo perdido para mí. El camp es una manera de recuperar universos perdidos, mundos fatuos y vacuos, pero llenos de ternura. Mi marido, que es decorador, es mucho más serio, él se siente alejado de eso, él siempre me está señalando para que no caiga en ello, sin éxito, claro.

¿Por qué te casaste?
—Me casé porque no quería seguir llamando toda la vida “novio” a mi novio, y poder decirle “marido”. Y siempre que hago migraciones me encanta poner “casado”, porque yo estoy casado, y me parece formidable el matrimonio, aunque soy ateo, el matrimonio me encanta. Como mi madre me dijo, es un alivio, porque organizas todo. Nos casamos en Barcelona y festejamos en el programa Channel Número 4 en vivo, hasta llamó Miguel Bosé por ejemplo. Mis padres se casaron de la misma manera, en el Registro Civil, mi madre se puso un trajecito Dior color tabaco y a la noche llamaron a los amigos, y los amigos a otros amigos, y así tuvieron que hacer una fiesta improvisada. Mi marido lo organizó todo mucho mejor: comimos unos canapés de caviar y salmón en casa de uno de nuestros testigos, un coche me llevó al programa, y luego nos fuimos a las afueras de Barcelona a un restorán muy célebre con dos estrellas Michelini, cuya dueña tuvo un dolor increíble porque no le avisamos, pero mi marido quiso que fuera así para no despertar la atención. En ese sentido le salió mal, porque los fotógrafos lo persiguieron a él, que era al que no conocían.

¿Piensan tener hijos?
—Hemos pensado en adoptar, pero lamentablemente en la mayoría de los países donde se puede adoptar las agencias están controladas por la Iglesia Católica, la ley lo permite pero la realidad te lo muestra de otra manera. Por eso me parece que yo iría por la inseminación artificial. Estoy feliz con esta historia del varón embarazado, haya nacido lo que haya nacido, pero es importante este momento porque abre posibilidades.

¿Saliste alguna vez con un varón trans?
—He tenido grandes amistades en la transexualidad, aunque no he salido con ninguno. Por ahora, jamás me he enamorado de alguien que haya nacido en un sexo equivocado. En cualquier caso, me siento del lado de ellos, ellos son el sexo que son, no el que nacieron, y así se debe observar a una persona. A lo mejor tienes la suerte de estar en armonía con cuerpo y espíritu pero para muchas personas no es así, y gracias a la ciencia se puede conseguir ese entendimiento.

¿Tenés iconos gay?
–Entre mis muchísimos iconos gay están Micky Mouse, Pinoccio, Bambi, Dumbo, Batman, Meteoro, Superman —sí, dije Superman, vamos, nadie que se ponga el calzón por arriba de unas panties y salga con una capa y botas rojas puede no ser gay—. Esos son mis grandes iconos homosexuales. Y por supuesto el Topo Gigio, que en mi libro Muertas de glamour ya dije que lo escondieron porque se dieron cuenta de que estaba mariconeando a toda una generación de espectadores a la cual yo pertenezco. Yo me paraba a ver al Topo y decía frente al espejo “A la ca-mi-ta”. Mi pluma se la debo al Topo.

Leonor Silvestri
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domingo, 27 de abril de 2008

Homoafectos bíblicos: Marica gracias a Dios


Una vez que había creado las infinitas estrellas, la tierra con sus montañas, mares, bosques y todo tipo de animales, Dios, según la Biblia, formó su obra principal diciendo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y nuestra semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se muevan sobre ella”. (Gen 1,27)

Dios (suponiendo que existe) es un ser misógino y de ello se deriva la misoginia de la jerarquía de la iglesia católica. Es evidente que a la mujer desde el mismo momento de la “creación” le tocó un segundo plano, sobre ella Dios no sopló su aliento, es decir, no dejó una huella especial. Él la hizo a último momento, de la costilla de un hombre y eso por petición de éste: “y Dios hizo a la mujer, primeramente porque “no es bueno que el hombre esté solo”. (Génesis 2:18)

Tener la “imagen” o “semejanza” de Dios significa, en términos simples, que fuimos hechos para parecernos a Dios, dicen muchos teólogos. Yo me pregunto, si soy hecho a semejanza de Dios ¿en dónde radica mi semejanza?

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua dice que semejante es lo “Dicho de una figura: Que es distinta a otra solo por el tamaño y cuyas partes guardan todas respectivamente la misma proporción”.

Etimológicamente hablando soy como un Dios en pequeño, entonces cabe preguntarse, si yo soy marica es porque ¿Dios es marica? Debe ser, sólo que un marica más grande, no yo, sino él; porque se supone que Él es más grande y es a quien me parezco. O sea, que Dios es también mujer, lesbiana, negro, desplazado victima de la guerra…

Tenaz esto ultimo, porque cabe preguntarse ¿si Dios es mujer, por qué es misógino? Se acordó de crear la imagen femenina de sí mismo a último momento. ¿Por qué fue lo último que creó?

Ahora bien, dicen los teólogos que lo que existe con Dios “Es una semejanza mental, moral y social”. Bueno, siendo así ¿cuándo somos intolerantes, excluyentes, sexistas, misóginos, lesbofóbicos, simplemente seguimos el patrón divino?

Los teólogos una vez más nos dan la respuesta: “Parte del haber sido hechos a la imagen de Dios, es que Adán tuvo la capacidad de tomar decisiones libremente. Aunque le fue dada una naturaleza justa, Adán hizo una mala decisión al rebelarse en contra de su Creador. Al hacerlo, Adán dañó la imagen de Dios de su interior, y pasó esa semejanza dañada a todos sus descendientes, incluyéndonos (Romanos 5:12).

¡Ahh, caramba! Por fin entiendo. Dios en su infinita bondad, porque alguien cometió un error antes que yo, me dio de regalo la semejanza con Adán. (Romanos 5:12), pero “Hoy, todavía llevamos esa semejanza de Dios” (Santiago 3:9). Mejor dicho, pareciera que llevamos lo peorcito de ambos. Porque según los teólogos “también llevamos de Adán las cicatrices del pecado. Y mostramos los efectos mentalmente, moralmente, social y físicamente”.

Concluyendo: algo debe estar pasando, o la Biblia se contradice, o los teólogos y escrituristas no logran ponerse de acuerdo, o la culpa es de los exegetas que interpretan mal el texto, o debe ser culpa de los traductores, que cometen muchos errores, como poner en un texto bíblico la palabra homosexual cuando el término fue empleado por primera vez en 1869 por Karl-Maria Kertbeny, y Richard Freiherr von Krafft-Ebing popularizó el concepto en 1886, en el libro “Psychopathia Sexualis”; y por supuesto, no existía ni en Arameo, ni en Hebreo, ni en Griego, ni en… ninguna lengua.

Creo que la respuesta está aquí: la solución Divina no admite demostración. Es sencillamente un acto de Fe.

Homoafectos bíblicos

David es el primer personaje, después de Jesús, que se nos menciona en el Nuevo Testamento: “Genealogía de Jesucristo, hijo de David...” (Mt 1.1). Así comienza el texto de Mateo, primero de los evangelios sinópticos. El Reino de David signa el principio y el fin del viejo Testamento. El Rey David no hubiera alcanzado ese trono sin el apoyo decisivo de Jonatán.

La muerte en plena guerra de este hombre fue un golpe durísimo para el Rey de Israel: “Cómo sufro por ti Jonatán, dijo David, tu amor fue para mí más delicioso que el amor de las mujeres”. (2 Sam.1.26).

Si cualquier hombre le suelta semejante frase a otro hombre, quien la lea o la oiga no dudaría de la orientación homosexual de quien la pronuncia. Pero David, la dijo a la sociedad israelita del siglo XI antes de Cristo. Se atrevió incluso a dejar constancia de ello en un cántico fúnebre (2 Sam 1. 17-18).

Si cualquier varón dice esa frase de otro varón, quien lo lea o lo oiga no dudaría de la preferencia sexual de quien la dice. Pero David, la dijo en a la sociedad israelita del siglo XI antes de Cristo. Se atrevió no sólo a decirla, sino a dejar constancia de ello en un cántico fúnebre, de su propia inspiración (2 Sam 1. 17-18).

Tradicionalmente la teología califica esta relación como “una extraordinaria amistad”, al otro lado de la línea se ubican los teólogos que han propuesto una hipótesis alterna para su interpretación, “Si se tratara de una relación homosexual basada en un verdadero y profundo amor entre ambos, los datos de esta historia serían más coherentes entre sí”.

El teólogo Halleslewen, considera que: “No será fácil que esta interpretación se abra espacio pese a que está bien razonada. Y no lo será porque, en la medida que se acepte como verdadera, el tema bíblico de la homosexualidad daría un vuelco total. David es uno de los personajes que, a lo largo de los siglos, ha cautivado más. Su casi segura relación homosexual con Jonatán alteraría todos los parámetros para juzgar dicho fenómeno desde un punto de vista bíblico. David permitiría ver la homosexualidad inserta en una persona integral, muy amada y muy amante de Dios, y arrojaría luces para nuevos enfoques teológicos. Pero estoy seguro que llegará el día en que esta tesis se abrirá paso...”.

El teólogo Rossi considera que: “No deja de ser lógico que, si un determinado porcentaje de los seres humanos es homosexual, también sea cierto que un cierto porcentaje de grandes personajes de la Biblia también lo sea. Tampoco niego que tantos siglos de lectura heterosexual de los personajes bíblicos nos pueda provocar dificultades para aceptar un enfoque alterno. Pero, sin negar su razonabilidad tengo que afirmar que esta tesis aún no llega a convencerme”.

Que ambos tuvieran mujeres e hijos no es obstáculo para esa relación de amor, de ello puede dar muchas explicaciones la psicología. Nadie duda en estos momentos de la homofobia internalizada.

Manuel Velandia

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Dejemonos de maricadas

jueves, 27 de marzo de 2008

Palestino, homosexual y con novio israelí


El palestino tiene 33 años y vive en la zona de Yenin. El israelí tiene poco más de 40 y reside en Tel Aviv. En teoría la continuación de esta historia es que ambos se odian o en el mejor de los casos se ignoran. En la práctica, muy inusual, se produce todo lo contrario. Los dos se aman y desde hace ocho años mantienen una relación amorosa casi inviable en el conflicto israelo-palestino.

Especialmente dramático para el joven de Yenin, consciente que la sociedad palestina no ve con buenos ojos- es una expresión muy bondadosa- la homosexualidad y mucho menos si el novio es israelí.

Hace pocos años, el palestino envió una carta al ministerio de Interior israelí pidiendo que le dejen trasladarse a Israel "para vivir con su pareja". Los años pasaron sin una decisión y el palestino empezó a asumir que su destino sería igual al de miles de palestinos que esperan sin éxito permiso para vivir en Israel con sus familiares del otro lado de la frontera. Miles de palestinos que tienen prohibido reagruparse -una sentencia del Tribunal Supremo lo confirma- con sus cónyuges que viven en Israel y constituyen el sector árabe israelí (20% de la población).

Por eso, el homosexual palestino envió su petición directamente al general Yosef Meshalev, coordinador militar israelí en Cisjordania y Gaza, rogándole que le conceda un permiso especial y temporal hasta que el ministerio de Interior decida. En la misiva, el palestino argumenta que desde que su familia se enteró de sus relaciones homosexuales en Israel se ha convertido en un 'apestado', perseguido y amenazado de muerte.

En una medida poco frecuente, el general Meshalev le ha dado permiso 'a unirse' con su pareja en Tel Aviv. Una autorización que deberá renovar cada mes. Pese a la temporalidad, la pareja está feliz y satisfecha. En declaraciones al diario Yediot Ajaronot, el novio israelí-un informático- comenta: "Desde hace cinco años pedimos que nos dejen vivir juntos. Yo estoy enfermo del corazón y necesito a mi pareja a mi lado". El palestino recuerda que los servicios secretos internos (Shabak) "me interrogaron antes de trasladarme a Israel. Han entendido que mi única voluntad es vivir con mi novio".

Ahora viven juntos en una casa de Tel Aviv, la ciudad quizás más abierta de Oriente Próximo con los homosexuales. No hay muchas ciudades en esta región en la que una pareja de mujeres u hombres pueden pasear por la calle cogidos de la mano y sin provocar violentas reacciones. Tel Aviv, que suele acoger cada año una marcha de Orgullo Gay, ha conseguido ser incluido en la lista de destinos que varias revistas de la comunidad gay recomiendan visitar y disfrutar. El Ayuntamiento promueve las actividades de ocio de los turistas homosexuales, financiando campañas publicitarias para convencerles de la oferta de la ciudad mediterránea. Según los regidores, el turismo homosexual es muy 'solicitado' ya que son visitantes pacíficos y normalmente con recursos económicos que ayudan, aunque sea por pocos días, a los comercios, hoteles y pubs de la ciudad.

Tel Aviv repudió y condenó las recientes declaraciones de un diputado ultraortodoxo del partido Shas, Shlomo Benizri, que insinuó que los homosexuales son el motivo de los pequeños terremotos que han azotado la zona. Otro dirigente recomendó a los gays "ir a visitar a un psiquiatra para curarse".

La próxima Gay Parade en el Paseo Marítimo de Tel Aviv reunirá a miles de curiosos y coloridas carrozas. La pareja israelo-palestina seguramente se acerque a ver el desfile. O quizás no. Para ellos, cada mes juntos es más importante que exhibiciones públicas. Para ellos, el anonimato es sagrado en la ciudad más 'pecadora' de Israel.

SAL EMERGUI www.elmundo.es

jueves, 28 de febrero de 2008

Sony Music lanza sello discográfico para gays


La noticia ha causado cierta polémica, ya que es la primera vez que en el mercado musical se hace una explícita separación de los artistas y de los consumidores de acuerdo a su orientación sexual. Esto, aseguran algunos, representa un peligro.

La multinacional discográfica Sony Music creó una disquera exclusivamente para grabar cantantes gays; se trata de Music With a Twist y tiene como objetivo lanzar a artistas talentosos de esta comunidad.

Al respecto Matt Farber, presidente de Wilderness Media & Entertainment y fundador de Logo, el canal de la cadena MTV Networks dirigido a un público gay, dijo que se trata de una disquera que “le dice a los artistas no solamente 'te aceptamos como eres', sino que acogemos eso como parte de tu identidad".

La noticia ha causado cierta polémica, ya que es la primera vez que en el mercado musical se hace una explícita separación de los artistas y por extensión de los consumidores de acuerdo a la orientación sexual, lo que según algunos podría ser peligroso en la medida que los cantantes gays se vean restringidos a grabar en un sólo sello.

No obstante este nuevo apartado parece ser un paso más en un recorrido de la industria del disco que encuentra en la tradición de jugar con lo ambiguo o lo gay en la música pop, siendo un clásico ejemplo el grupo de la onda disco Village People que si bien estaba formado por músicos heterosexuales apelaba a una estética gay, propia de la década de 1970, que aún sigue encendiendo las pistas de baile.

Por otra parte hay que considerar a los artistas que suelen causar furor en las discotecas gays, es decir, aquellos que tienen particular éxito entre los homosexuales, lo que algunos toman de muy buena manera y a otros les complica, para entender de donde sale esta idea de crear un sello para gays. El caso de Madonna es paradigmático, este símbolo de la irreverencia pop de la década de 1980, paso a ser la hiper sexualizada cantante de los 90´s, para luego vestirse de señora y ahora aparecer como devota practicante de la Cábala y madre de Lourdes y Roco.

Pese a todos estos cambios Madonna es, a lo largo de su carrera, un referente indiscutido de estilo entre los gays, en especial luego del vídeo de “Vogue” y de la inolvidable presentación de este tema en una entrega de Premios MTV.

A favor de sus seguidores habría que considerar su actitud gayfriendly, que de seguro algo le debe a su cercanía con Christopher Ciccone, su hermano, sobre el que ha dicho: “Supe que mi hermano era gay cuando conocí a Flynn, quien era mi profesor de ballet, y quien además era abiertamente gay. Me traje a mi hermano a la clase de ballet y vi que algo ocurría entre los dos. No puedo decir exactamente qué fue. Pero pensé entonces, Oh ya entiendo”.

En la vereda opuesta podríamos ubicar a Gloria Gaynor, a quien vimos hace unos meses en vivo en Santiago; ella, que es muy devota cristiana suele complicarse con la calidad de himno gay de su clásico tema "I Will Survive". Otro caso curioso es el de los Pet Shop Boys, a los que les molesta que se les llame iconos gays.

Neil Tennant y Chris Lowe llevan más de veinte años cantándole a la libertad, el amor y el hedonismo como referente insigne del tecno pop, y del pop sofisticado con temas que también son himnos como "New York City Boy", que es toda una oda al desenfreno previo a la aparición del VIH/Sida, "Always on my Mind" o ese canto que dignifica al desamor llamado "You Only Tell That You Love When You're Drunk".

Paulina Rubio ha sido coronada en reiteradas ocasiones como reina latina de la comunidad gay, incluso en nuestro país se le dio ese título durante una de sus giras promocionales.

Si bien sólo en el último tiempo la cantante mexicana ha editado una canción que podríamos considerar de temática gay como es Mía, sus otras canciones son bailadas hasta el cansancio en las discotecas de habla hispana son su curiosa mezcla de pop, electrónica y la más cuidada producción de sonido de la que se tenga registro para hacer maravillosa su aguardentosa voz.

De Cher habría que reconocer que es un referente para el transformismo a nivel mundial por sus extravagantes atuendos y su música siempre dispuesta al baile, para la cantante la relación con el público gay es todo un tema en su carrera, no hay que olvidar que la salida del closet de su hija la poeta Chastity Bono fue para ella un terremoto ya que si bien siempre ha tenido cercanía con la audiencia gay no se sentía preparada para ser madre de uno, al respecto la diva ha dicho que uno de los problemas más grandes que le generó el enterarse de la opción sexual e su hija tiene que ver con al falta de confianza que esto evidenció. “Estaba avergonzada que todos sabían sobre el lesbianismo de mi hija excepto yo. Tuve que descubrirlo a través de Sony (su ex marido)”.

Luego de complicarse con el tema ahora Cher y Chastity tiene una buena relación e intentan concretar un proyecto de reality show llamado Coming Out With Cher and Chas (Salir del armario con Cher y Chas), que ayudaría a personas comunes y corrientes a asumir su homosexualidad. Entre los pocos hombres con calidad de icono gay encontramos a los británicos George Michael y Elton John, sobre el primero hay que destacar la vigencia en la escena pop mundial luego de innumerables conflictos personales y profesionales, y del segundo su aporte a las organizaciones que defienden los derechos de los gays en el mundo.

Finalmente no podemos dejar de mencionar al grupo español Fangoria. En los días en que este dueto se hacia llamar Alaska y Dinarama a finales de los 80´s una de sus canciones fue concebida como himno gay en medio del destape que acarreó la caída de la dictadura del general Franco, que le proclamaba a quien quisiera oír;

"A quién le importa / lo que yo haga / a quién le importa lo que yo diga / yo soy así y así seguiré / y nunca cambiaré", ya sea cantada por la original voz de Alaska en clave punk pop o en la versión de la mexicana reina del melodrama Thalía, sigue siendo una de las canciones más representativas de la salida del closet que se hayan escrito en español.

Como vemos puede decirse que ya hace años existe dentro de la industria musical lo que podríamos llamar la música gay, que ya sea porque es hecha por gays o porque les identifica , termina siendo consumida en gran medida por el público gay. Entre las figuras de este sello destacan: The Gossip, banda de rock originaria de Portland, Oregon, liderada por Beth Ditto, de inspiración punk fueron los teloneros de la exitosa banda Scissor Sisters en su gira europea.

Kirsten Price, una multi instrumentista que encuentra influencias en la vieja escuela musical del Soul. Ambos artistas fueron editados durante el año pasado. Entre las compilaciones que el sello ha sacado destacamos: The L Word L Tunes con la música de la exitosa serie de temática lésbica que podemos ver a través de la televisión por cable en al señal de Warner TV.

Uno de los temas de Kirsten Price fue incluido como parte de la campaña promocional de la serie. La compilación Music With a Twist ‘Revolutions’ con canciones de diez nuevos músicos gays entre los que se encuentran: Jonathan Mendelsohn, cantante y compositor newyorkino que cultiva el pop dance con una poderosa capacidad vocal; God-des & She, un popular dúo femenino de hip - hop de Wisconsin. Ivri Lider, una de la principales estrellas rockeras de Israel que canta tanto en inglés como en hebreo y que busca la internacionalización.

Pablo Salvador Sepúlveda - (Anodis)
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jueves, 21 de febrero de 2008

Un diputado de un partido religioso culpó a los homosexuales por los terremotos


El diputado del partido religioso Shas -Shlomo Benizri- responsabilizó a los homosexuales de los terremotos que han ocurrido en Israel en los últimos meses.

"La actividad homosexual practicada en el país es la causa de los recientes sismos que se han sentido en Israel recientemente", comentó el diputado durante una sesión especial en el Parlamento, en la que se debatía el grado de preparación para los temblores.

Benizri dijo que la Guemará "se refiere a los terremotos como desastres, pero sólo estáis buscando soluciones prácticas de cómo prevenir y reparar".

Y agregó: "Pero conozco otra forma de prevenir los terremotos; la Guemará menciona varias causas de que se produzcan seísmos, una de las cuales es la homosexualidad".

El legislador del partido ortodoxo responsabilizó al Parlamento de dar legitimidad a la sodomía, razón por la cual -señaló- se producen los temblores.

También manifestó que el gobierno no debería reforzar los edificios sino por contra no aprobar legislaciones que alienten a los homosexuales y otras "perversiones como la de permitir que parejas de lesbianas puedan adoptar niños".

El último terremoto, de 5,3 grados en la escala abierta de Richter se sintió el pasado viernes durante 19 segundos en la mayor parte del país, un fenómeno que se viene repitiendo con cierta frecuencia en los últimos años.

Por su parte, la Asociación de Homosexuales y Lesbianas condenó los comentarios de Benizri al señalar que "es triste que un diputado religioso en Israel piense que los terremotos son obra de Dios".

"Por otra parte, deberíamos estar halagados por semejantes poderes mágicos que se nos atribuyen", matiza la organización.

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